Incluso, intelectuales criollos como Mario Vargas Llosa y Alonso Cueto han sido víctimas de ese delirio intolerante y peyorativo al declarar el primero que tener que decidir entre Humala y Fujimori sería semejante a tener que decidir entre el cáncer y el sida y, el segundo, al calificar la opción por Humala como expresión de una tara social. Inventar ese tipo de calificativos está muy por debajo del trabajo de interpretación de la realidad nacional que se espera de un intelectual y ahonda más el inaceptable abismo que existe entre los extremos de nuestra sociedad. Lo que hay que hacer es identificar y denunciar las causas de la injusticia social que golpea a millones de compatriotas y plantear posibles soluciones más que entrar en una espiral de insultos contra los peruanos que no votan como yo. Creo, sin embargo, que cuando las aguas recuperen el nivel de la cordura, será posible percibir la racionalidad, la historia social y la experiencia personal que hay detrás de toda opción por descabellada que parezca. Todas las voces merecen y deben ser escuchadas, consideradas y examinadas para construir un país con inclusión y equidad. Esa debe ser la preocupación central de una vida política democrática.

















