Amanezco dentro de la congeladora cósmica de Massachusetts. Multitudes de copos blancos se precipitan, alegres y silenciosos, sobre mi barrio; que aún está adormilado. Abajo y a los cuatro costados sólo se ve la inundación inmóvil de la nieve. Una paz mortal que estruja los huesos, un aire mentolado que raspa la piel y las fosas nasales, y una helada que ahoga los pulmones a cada paso. Los pájaros volaron hace días ¡qué sabiduría!

















