Brasil es un país múltiple desde el punto de vista racial pero aún no se reconoce plenamente como tal. La historia oficial del país no ha reconocido que el racismo es un problema social. La constitución brasileña afirma que todos somos iguales independientemente de raza, sexo, etc. Mientras tanto, en lo cotidiano, existen desigualdades profundas y yo suscribo una línea analítica-política que afirma que además de la cuestión de clase, el racismo y el machismo son factores estructurantes de nuestras desigualdades socio-económicos y culturales.

















