René Descartes, el filósofo de la soledad y de la claridad de la razón (condenado por la Inquisición, combatido por los ecologistas, desmentido por los posmodernos, desdeñado por las feministas y admirado por los matemáticos), estuvo de paso por el Perú. Su paradero final era una pequeña ciudad del extremo sur del continente, cuyo nombre se abstuvo de revelar por razones personales, donde espera disfrutar de una atmósfera propicia para culminar una versión actualizada de sus inobjetables argumentos en pro de la existencia de Dios.

















