Javier Távara, limeño y madrileño, y amigo de El Quinto Suyo comparte con nuestros lectores las siguientes lineas sobre la reciente Copa Mundial de futbol alcanzada por España en Sudafrica 2010
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Un cuarto de siglo de desilusiones mundialistas finiquitadas por el gol de Iniesta.
Para los peruanos de mi generación, las penurias mundialistas comenzaron a nueve minutos del final de aquel fatídico partido clasificatorio que terminó empatado a dos contra Argentina. Fue en el Monumental de River, un nublado día de Junio de 1985. Y fue la última vez que Perú acarició la clasificación para un Mundial. Desde entonces, los hinchas peruanos tuvimos que optar entre seguir a otros equipos en la máxima cita futbolística o mantenernos imparciales. En esa disyuntiva estaba yo en ese mundial de México 86, cuando un día enciendo el televisor sin saber quién jugaba y aparece la España de Butragueño y Míchel goleando a Dinamarca. Me adherí entonces a los seguidores de La Roja, ya que por rama materna mi familia es española. Poco después llegó para mí, la primera de las muchas desilusiones que La Roja ha deparado a sus seguidores. España cayó por penaltys en cuartos de final, ante Bélgica.
Ser seguidor de La Roja no ha sido fácil. Para nada. Es más, las desilusiones han sido más doloridas desde que me instalé a vivir en Madrid, donde viví euforias colectivas de triunfos intrascendentes y decepciones nacionales tragicómicas: la nariz sangrante de Luis Enrique ante Italia en el 94, la eliminación a pesar de la goleada a Bulgaria en el 98, los dos goles legales ante Corea anulados por el árbitro egipcio en 2002, la derrota ante Francia liderada por un jugador de aspecto patibulario llamado Ribery en 2006… En fin.
Con ese pasado a cuestas llegamos a la cita de 2010.
Como ya es sabido, España ganó finalmente el mundial. Pero con todos esos antecedentes, sufrimos muchísimo. Mi mujer, madrileña ella y escarmentada por el derrotero histórico de España en los mundiales, no compartía mi optimismo ni mis argumentos sobre la brillante trayectoria en la pasada Eurocopa y en la fase de clasificación. Mi querida esposa se mantuvo siempre escéptica.
Comenzamos con el partido de Suiza, para el que tuvimos que escaparnos apresuradamente del trabajo y luego nos tocó sufrir viendo que España atacaba pero la pelota no entraba nunca. Comprendimos la polémica del jabulani. Los suizos en cambio sí metieron un golito en su única llegada. Ese día mi mujer y yo nos dijimos
- España no gana el mundial ni de coña.
Luego vino el partido de Honduras y aunque Villa marcó dos goles, también falló un penalty, así que nos volvimos a decir:
- Ni de coña ganamos el mundial.
Llegó el partido de Chile. ¡Cómo costó ganarle a estos chilenos pesados! Menos mal que España terminó llevándose el partido, por un dos a uno y ese día nos dijimos:
-Va a estar muy jodido ganarle a Portugal.
Llegaron los octavos de final, llegó Portugal con el divino Cristiano y España ese día comenzó a jugar muy bien.
El solitario gol de Villa supo a poco, ya que Eduardo, el portero portugués, evitó varios goles cantados. El cruce de cuartos con Paraguay no parecía muy difícil así que dijimos:
-España puede pasar por fin, de cuartos de final.
Llegó Paraguay y el partido se complicó una barbaridad. Cuando el árbitro pitó el penalty a favor del equipo paraguayo dijimos:
-Adiós. Se acabó lo que se daba. A hacer puñetas.
Pero Iker Casillas obró el milagro, Xabi Alonso desperdició otro penalty y finalmente Villa rescató a La Roja con otro solitario gol decisivo. España pasó de cuartos y se enfrentaría a Alemania en la Semifinal. Entonces nos dijimos:
-A Alemania no le vamos a ganar ni de coña.
Pero llegó Alemania y España jugó el mejor partido del mundial. Por si fuera poco, esta selección de bajitos tuvo la chulería de meterle un gol a los altísimos germanos en un corner.
Ese día sí que nos dijimos:
-Es posible ganar el mundial.
Aunque sabíamos que sería muy difícil, pues Holanda llegaba al gran partido con una trayectoria temible. Dormí mal las dos noches previas y decidimos ver la final con amigos italianos y argentinos, que ya saben de ganar y perder finales. Perdí la cuenta de las cervezas que me tomé. Hacía mucho calor y todo el mundo estaba nervioso. Durante el larguísimo partido siempre había alguien abriendo otra botella de cerveza y rellenando los vasos. A cinco minutos del final de la prórroga creí que el sufrimiento de la lotería de los penaltys era inexorable. España ya había fallado dos penas máximas durante el campeonato. Pensé que ni de coña ganábamos la definición por penaltys. En eso, el árbitro, pésimo todo el partido, no concedió un corner a Holanda y en la siguiente jugada, combinan Torres, Cesc y por la derecha aparece un tipo pequeñito con pinta de informático que responde al nombre de Andrés Iniesta y que fusila al portero holandés… Por fin gritamos:
-¡GOL COÑO!
Cuatro interminables minutos más de sufrimiento y final. ¡España campeona del mundo! ¡Cagüenlamar! Las cervezas hicieron efecto y pasé de la tensión a una sensación de irrealidad. Lo demás es historia conocida. Como en las películas con final feliz, el chico Casillas levantó la copa y besó a su despampanante novia. Madrid ardía y el festejo se prolongó horas. Volvimos a casa pasando por la Puerta del Sol donde una multitud celebraba alborozada y los hinchas más audaces gritaban trepados en el caballo de Carlos III y en la estatua del Oso: CAMPEONES, CAMPEONES OE OE OE. El golito de Iniesta puso punto y final a años de desilusiones mundialistas.
Madrid, 16 de Julio de 2010.
Querido Javier,
Me he emocionado mucho al leer este relato tan emotivo y que me han hecho revivir todos esos momentos, que al igual que tú he podido compartir con mi familia y amigos.
Las cervezas que corrian la euforia de los goles y el sufrimiento cuando el gol no llegaba y esa final…
Para una peruana muy arraiga y nacionalizada y que lleva 17 años en España, este triunfo ha sido propio y sentido en el corazón….
Un beso fuerte me encanta leerte..
Clara
Amigo Javier yo también soy de esa generación, desde pequeño estaba acostumbrado a ver a Perú en los mundiales, 70, 78,82 y luego la sequia. Yo a los 48 sigo jugando el futbol con ganas aquí en los unaites y me fajo con mozalbetes de 20 y 30 y… gano. Hay jugadores de todo el mundo y claro muchachos peruanos que me piden que les cuente como eran esos mundiales pues ellos nunca han visto a Perú en uno. Recemos para que esta vez vaya y vaya bien. Saludos.