Los dos hombres terminaron de desayunar, pagaron y salieron del restaurante. Caminaron las últimas cuadras de la Avenida Brasil, que terminan en el acantilado de la Costa Verde, donde doscientos metros abajo el Océano Pacífico roe su base. La neblina invernal limeña se desplazaba al ras del piso y apenas si se distinguían las casas al otro lado de la calle.
-Te lo dije, si tú me la negabas el loco Fito me la iba a dar. Ese si es amigo de verdad. ¡Mira, mira, acá esta la receta, lee!
–Lo que vas a hacer es ilegal e inmoral, es un crimen, Fernando.
– ¿Según quién, eh? ¿Según quién Daniel? ¡Responde! Ni Julisa ni yo lo queremos. Va a ser un niño indeseado, como millones que caminan por las calles en todo el mundo, es más humano y hasta más cristiano eliminarlos antes de que nazcan, sufran y acarreen problemas a los padres que no tiene cómo mantenerlos.
– ¿Estás realmente hablando en serio?
–Sí, para que van a nacer si van a tener una vida desgraciada, como animales. Y además todos estos niños no deseados van a vivir en condiciones no propias de una comunidad responsable y civilizada.
– ¡Lo que dices es una barbaridad! Estas hablando como los ideólogos de un régimen fascista, que deciden quién debe nacer por su condición social, racial, económica o de salud. Y además tú puedes mantenerlo, acabas de terminar tus estudios superiores, tienes una profesión.
–Sí, lo sé, pero no planeamos tener hijos, fue un descuido, puedo mantenerlo, pero no lo querremos ahora, quizás en un futuro, cuando estemos mejor.
–Pero, ¿sabes lo que dices, Fernando? Estamos hablando de un ser humano, no de una prenda que puedes devolverla y comprarla otra vez, es una vida.
–¿Quién lo dice?
–La ética, la moral, la religión…
– ¿Cuál religión?
–La católica, y otras que respetan la vida.
–¿Con qué cara?, no están metidos hasta el cuello en escándalos de abuso de niños, no ves las noticias, y encima condenan conductas sexuales que ellos consideran impropias, ¿con qué cara?, ¡a ver dime!, y me lo dices tú que eres un católico modelo.
–Te has salido del tema, pero te diré que no soy un modelo, ya quisiera serlo, pero se lo suficiente para decirte que tus acusaciones son mal informadas.
–Y tú, ¿cómo lo sabes?
–No hace falta más que un poco de sentido común para que te des cuenta que estamos ante la presencia de un ataque masivo de todos los medios de comunicación contra la Iglesia Católica.
–Explícate no te entiendo.
–Mira, estos medios están defendiendo los intereses de grupos y lo están haciendo con una campaña incisiva para desacreditarla. Su objetivo es destruir a la Iglesia totalmente por oponerse moralmente y denunciarlos. Ya lo logró una vez la antigua agencia de espionaje rusa, la temible KGB, en 1963, al indisponer a la comunidad Judía contra la Iglesia Católica. Esta agencia planeó y financió una obra de teatro a nivel mundial, en la que se decía que la Iglesia no denunció a los nazis. Siendo la verdad que después de la Segunda Guerra Mundial los más destacados lideres políticos, religiosos y civiles judíos escribieron una carta agradeciendo al Papa Pío XII por haber salvado a más judíos que todas las otras naciones juntas. Esto se sabe fidedignamente ahora gracias a la apertura de archivos de la post guerra fría y a la corroboración de testigos protagonistas.
–Ya me confundiste más.
–Mira te lo explico con un ejemplo: Si recoges una sábana blanca de la lavandería y el empleado dejó por descuido la huella de un dedo cuando la empacaba, vas y reclamas.
–Y con mucha razón.
–Claro, pero no adviertes que esa mancha es una mínima parte y que todo el resto de la sábana esta limpísima. Igualmente pasa con los sacerdotes que cometieron el delito son una mínima parte y ya han sido juzgados o serán juzgados por las leyes humanas y divinas. La inmensa mayoría están limpios de culpa y están trabajando y luchando por los principios morales y religiosos que generalmente son contrarios a los que auspician a los medios de comunicación. Estos medios no reportan el inmenso beneficio que esos religiosos brindan a la humanidad luchando por la justicia social e incluso ofrendando sus vidas como el obispo Romero, asesinado por la dictadura que hubo en El Salvador. Así como él la inmensa mayoría de sacerdotes lucha día a día por el bien social.
–Muy buena tu tesis pero aún no me convences.
–Yo he estudiado la primaria y secundaria en La Salle, un colegio católico. No vi algo malo en los curas o en los profesores civiles que nos enseñaban de día y en la tarde enseñaban en colegios del estado, eran bien democráticos esos padres.
–Por eso te digo que eres un católico modelo.
–Al contrario, los fregados éramos nosotros, teníamos un periódico mural que estaba lleno de las noticias anarquistas de del Pietro, los comentarios de deportes de Benavides y los bosquejos socialistas que yo hacía al escuchar a nuestros profesores civiles. Los avisos religiosos apenas si figuraban.
–Así que fuiste una joyita después de todo.
–Sí, y me acuerdo sobre todo cuando del Pietro rehusó tomar las clases de Confirmación, siguiendo sus postulados anárquicos, casi un tercio del salón lo imitó, incluido yo. Durante las prácticas de Confirmación no asistíamos y a manera de escarmiento nos daban clases de matemáticas, será por eso que salí ducho en los números.
–No te conocía esa faceta.
– Bueno ya lo sabes y disculpa, nos hemos apartado del enorme crimen de quitarle la vida a millones de seres humanos completamente indefensos.
–Pero te repito, ¿quién dice que están vivos?, ¿cuándo comienza la vida?
–La vida comienza en la concepción, usa la lógica, yo la aprendí en la Universidad mientras estudiaba medicina.
–¿El método dialéctico, ese que estudiamos también en la Universidad?
–No, ese no, pues es la base de todo totalitarismo, y de las democracias también, aunque parezca paradójico. Usa la lógica a secas: Todos nosotros fuimos un día concebidos y ahora estamos vivos y lo estuvimos desde el instante de la concepción. Si no fuera así, si no hubiéramos sido un ser humano vivo en el momento de la concepción, no lo seriamos ahora tampoco.
–Sin embargo el aborto es aceptado en los países más industrializados, solo nosotros en el tercer mundo somos los que estamos en contra de él, cuando somos los que más lo necesitamos con nuestra superpoblación.
–¿Eso es lo que crees? Mira infórmate, ve al Internet, chequea. Estados Unidos y Europa están temiendo un crecimiento poblacional que se acerca al cero, incluso en España hay ciudades que están desapareciendo pues ya no hay niños que nazcan. Si no fuera por la inmigración latinoamericana en Estados Unidos y la africana en Europa sus economías colapsarían en unas dos décadas al no haber ciudadanos jóvenes que trabajen y puedan cubrir los gastos de pensión y médicos de sus ciudadanos ancianos.
–¿Estás seguro?
–Averígualo si no me crees, incluso China el país que posee la cuarta parte de la población mundial y que solo permitía el nacimiento de un niño por matrimonio, ahora acepta dos niños por pareja al darse cuenta de la catástrofe social que pasaría con su país sino nacieran más niños.
–Si es verdad eso, ¿Por qué los países ricos lo apoyan?
–Cuestiones de votos, no se quieren oponer a los grupos que lo apoyan por temor a perder las elecciones y se amparan en el principio de la libre elección de la mujer. Estos gobiernos que dejan caer todo el peso de la ley contra el que hiere o mata a un niño, hipócritamente financian el crimen de millones de niños que están por nacer y lo hacen en “clínicas” para este execrable fin.
–Pero lo hacen de una manera segura para la madre.
–Es un mito Fernando, apoyado por ellos mismos, el aborto “seguro” no existe. El aborto sea clandestino o “legal” definitivamente crea muchas y severas lesiones físicas y sicológicas de por vida en las mujeres que lo practican.
–Pero, si lo hacen médicos.
–El caso Fernando, es que el aborto va contra un proceso fisiológico natural. ¿Qué crees?, que es como despegar un pedazo de cinta adhesiva de la pared. El embrión humano, así está nominado en todos los libros de embriología de todas las universidades del mundo, se arraiga al útero materno por sendos vasos sanguíneos. Y a los diez días de la concepción ya se nota el principio de la formación del cerebro y la médula espinal. Entre la cuarta y la quinta semana ya están diferenciados el cerebro, la médula espinal el corazón, el hígado, los ojos, las fosas auditivas y nasales además de los esbozos de las piernas y brazos.
–Pero todavía no siente y no puede vivir por si solo.
–Fernando el cerebro y la médula espinal son tejidos nerviosos, ¡el embrión siente!, y claro necesita de la madre, pero ya es un ser humano como algún día lo fuimos tú y yo cuando teníamos un mes de gestación en el vientre nuestras madres.
–Yo creo que solo a los seis o siete meses, cuando ya puede vivir por si solo y nace, es cuando se lo debe considerar humano.
–Lo es durante toda la gestación y sino busca en el Internet para que veas como el niño en formación y más el de seis meses o el que está por nacer se quiere alejar de los “médicos” que lo cortan en pedazos, sacándole primero una pierna luego un brazo, estando aun vivo y luego el resto del cuerpo para luego aplastar la cabeza con una tenaza y extraerla. Al final ponen los restos en cilindros como si fueran basura. Y son muchos, por ejemplo en los Estados Unidos se practican un millón y medio de abortos al año, es un crimen atroz y es legal allí.
–Lo que me cuentas parece ficción.
–Ojala fuera ficción. Yo me siento orgulloso de practicar la medicina en mi país, ojalá y no prospere nunca la legalización del aborto aquí. La función primaria de un médico es la de aliviar el sufrimiento físico y emocional de sus pacientes, no el de causarlo, y mucho menos el de suprimir la vida.
Fernando se quedó pensativo, acaban de llegar a una plazoleta desierta al término de la avenida Brasil y el inmenso océano se dejaba adivinar tras la neblina debido a la resaca que retumbaba en el fondo del acantilado y al fuerte olor marino.
–Fernando, toma esta receta.
–Ya tengo la de Fito, ¡y la voy ha usar!, de todas maneras gracias por tus consejos.
–Pienso que la jornada de tu hijo aún no ha acabado, son vitaminas para tu esposa, para que el niño nazca saludable.
Fernando iba a responder cuando Daniel levantó la mano como callándolo y añadió: “Piénsalo”, y de inmediato dio media vuelta y se alejó perdiéndose en la niebla infinita del malecón.
Fernando, guardó la receta en el bolsillo de su casaca, y se dirigió a una farmacia que acababa de pasar cuando conversaba con Daniel.
Entró y entregó la receta de Fito a una dependiente, “estará en media hora, ¿va esperar o regresa?”, le dijo esta, mirándolo de arriba abajo.
–Regreso– contestó Fernando y salió presuroso.
Caminó hasta el malecón y desde lo alto del acantilado, trataba de penetrar en el manto de nubes como si esperara ver algo, una seña que le dijera que era esa ansiedad que acababa de terminar de instalarse en él luego de la charla con Daniel. Se sentó en una banca de un parque y al poco rato, saliendo de la neblina, llegó un grupo de niños que tras improvisar con piedras dos arcos se pusieron a jugar fulbito.
Fernando los miró atentamente un buen rato, hasta que la pelota rodó a sus pies, la recogió y se la entregó al niño que venía sudoroso por ella. Al instante de verle la cara palideció y se quedó paralizado, había reconocido en la cara del menor, su cara, cuando él fue niño. Al recobrar sus facultades se incorporó rápido y se acercó al grupo. Por más que buscó en uno y en otro no pudo encontrar en ellos los rasgos del niño que había visto.
Angustiado se alejó y se dirigió a la farmacia. En ese momento comenzó a garuar, era una garúa extraña pues las pequeñísimas gotas parecían brillar como si fueran de luz y no líquidas. Fernando se detuvo asombrado pues no había ni sol, ni alumbrado que reflejaran esa luminosidad.
Se dejó empapar de esa luminosa llovizna y luego ingresó corriendo a la farmacia.
–Ya está su pedido señor.
– ¡Cancélelo, ya no lo necesito!, mas bien súrtame esta otra receta.
La dependienta dijo que no podía cambiarlo y ante la insistencia de Fernando llamó al dueño y le explicó el asunto. El dueño examinó el fármaco y la nueva receta, luego miró fijamente a los ojos de Fernando por varios segundos, para añadir sonriente: “Haga el cambio señorita y recuerde que el cliente siempre puede reconsiderar los hechos”.
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