Las puertas de vidrio del ‘Havana Central’ se abren y la tibia humedad del son cubano nos sopla sobre la cara.
Atrás queda el estrés del congreso internacional en la Universidad de Columbia y la lluvia helada. ‘Mojitos’ , ‘Margaritas’ y cervezas coquetean sobre las manos. Los músicos son cubanos. Cualquier lugar del mundo es posible en Nueva York. Entre la barra y los músicos, se despliegan iniciados y neófitos salseros de todos los continentes, clases sociales y programas de estudio.
La noche avanza caudalosa a golpe de timbales. “Yo he jugado fútbol con el ‘Cholo’ Aparicio, Navarro y Quesada en Nueva York”, me dice un dominicano. “Tenemos un equipo dominicano en la liga de Manhattan”. El hombre conoce de fútbol latinoamericano como Eduardo San Román. Mi amigo saca a bailar a la recepcionista brasileña y por allá un mozo afro-estadounidense de 2 metros de altura baila con una comensal dominicana como si compitieran en la final de ‘Bailando por un Sueño’. Todos hablan a la vez, todos se escuchan a medias, pero todos mantienen el consenso de disfrutar cada minuto y de aplaudir a los músicos.
“Los latinoamericanos no tenemos otra opción que unirnos”, agrega el ex futbolista dominicano mientras retumba el ‘Kimbara’ con fuerza dionisiaca. Salimos a la lluvia de Broadway Avenue en Manhattan. Es sólo la medianoche del viernes y el congreso continuará por la mañana.
No hay buen congreso sin buena velada ,en cualquier parte del mundo. Amigo espero que hayas pasado muchos amenos momentos tanto en las exposiciones como en la pista de baile.