Dicen que el alma es el suspiro de Dios, pero cuando yo nací, Dios tenia tos que luego desencadeno en un vomito que mis padres bautizaron con Javier. Javier Alfonso Rogelio, son mis 3 nombres menos que mis múltiples personalidades, pero usables aun. En esos tempranos días infantiles mis miedos aun no nacían, creo que hasta los primeros años de secundaria en donde mi aprendizaje no académico me iba enseñando que la vida me estaba probando, creo que no le guste, y me hizo a un lado. Ya de joven, y luego de recibir mi libreta electoral, pude leer quien era, y se hizo la luz, aleluya, ¡ tenia identidad, (eso creía…) con ella y varias espumas y polvos encima creí que la magia existía, los polvos mágicos , las nubes ficticias, las mujeres sin nombre, las noches sin fin, en fin la oscuridad oscura, el frío del verano, el miedo a despertar, lograron que encontrara cual era no mi camino, el que es, quizás será, pues aun lo busco. Es divertido mirar la vida como niño, y que te vean como viejo y te sientas como ambos. Desde hace unos 20 años me dedico a orientar a la gente con herramientas psicológicas, es como agarrar un desarmador y que querer ajustar el curso de un río, y bueno algo se logra, aunque a veces pierdo el desarmador otras veces me lo quedo para ajustar mi dirección un poco. El otra día, ya noche me di cuenta que no tenia mi desarmador, me asuste y me dije “y ahora como trabajo?” me sentía inseguro, llego mi primer paciente, miro mis manos vacías, me miro a los ojos y sonrío y dijo “gracias pensé que me iba ajustar con un desarmador como otros terapeutas”, respondí “como cree, si tengo mis oídos para escucharlo, mi voz para que me escuche, y mis ojos para descubrir su alma”. Sonrió y sonreí y luego al terminar fui al baño a mirarme al espejo a descubrir mi alma, ¿saben?
No encontré el espejo o el espejo no me encontro, mejor buscare otro desarmador…