El martes 1 de diciembre de 2009 tuve la oportunidad de entrevistar a Doña Matilde Ribeiro, ex ministra brasileña para la Promoción de la Igualdad Racial entre los años 2003 y 2008. Ese día, llegué a las oficinas del Centro de Estudios Latinoamericanos y del Caribe, Universidad de Massachusetts-Amherst, con una pequeña grabadora, una cámara fotográfica y cinco temas de la realidad socio-política brasileña que me intrigaban. La entrevista discurrió de manera bilingue, castellano-portugués. A través de una hora de conversación, pude percibir en la ex ministra Ribeiro un espíritu disciplinado, sagaz y generoso, formado tanto por la reflexión académica como por las luchas sociales por la justicia social.
Brasil y la negación del racismo
Brasil es un país múltiple desde el punto de vista racial pero aún no se reconoce plenamente como tal. La historia oficial del país no ha reconocido que el racismo es un problema social. La constitución brasileña afirma que todos somos iguales independientemente de raza, sexo, etc. Mientras tanto, en lo cotidiano, existen desigualdades profundas y yo suscribo una línea analítica-política que afirma que además de la cuestión de clase, el racismo y el machismo son factores estructurantes de nuestras desigualdades socio-económicos y culturales. La existencia de un movimiento negro desde el tiempo de la esclavitud hasta nuestros días es importantísimo para la búsqueda de la democracia y la justicia entre los pueblos. Yo conozco de los EEUU básicamente poco, pero éstos también albergan una sociedad multicultural en la que los afro-norteamericanos son minoría. Esto es lo contrario de Brasil, los afro-brasileños somos mayoría. La población afrodescendiente es más del 50% de los 190 millones de brasileños, por lo tanto más de 95 millones, considerando la suma de ‘prietos’ y ‘pardos’. En el censo la estrategia metodológica era la autodefinición. Cada persona se definía racialmente. Se daban muchas contradicciones pues todavía era difícil para muchas personas definirse como ‘negras’. Pero ahora hay una mayor conciencia racial en Brasil y esto ha ampliado el porcentaje de los que se identifican como afro-descendientes En los EEUU, a pesar de que los afro-norteamericanos son minoría, la política de estado en relación a la igualdad racial es anterior a Brasil. La impresión que tengo es que aquí desde el punto de vista de las políticas de estado en temas de diversidad está más fortalecida que en Brasil. Los experimentos de las acciones afirmativas son más antiguos en los EEUU, aunque en general los resultados no han sido hasta ahora satisfactorios. Brasil está comenzando a implementar sus propias políticas afirmativas.
Afro-brasileños e indígenas frente al orden ciudadano
El sociólogo brasileño Florestan Fernandes decía que Brasil se distingue por tener ‘preconceptos de preconceptos’ […] Las desigualdades raciales son muy marcadas y existen en función de la formación del país. Brasil ha vivido cerca de 400 años de esclavitud. Antes de la esclavización de los africanos, los indígenas fueron utilizados y casi exterminados por la colonización europea. Durante 4 siglos de trabajo esclavo, nuestros hermanos negros fueron considerados una herramienta para el trabajo. Esto ha dejado secuelas muy graves para la cultura institucional brasileña la cual aún parte del principio de que los negros valen menos que los blancos. Los indígenas y los negros están considerados por debajo de los ciudadanos. Después de la abolición de la esclavitud, los afro-brasileños no fueron incorporados en el nuevo orden social de la republica. Los negros y los indígenas fueron dejados fuera del desarrollo agrícola e industrial promovido por la república. Sólo fueron utilizados en este engranaje a partir de los intereses del capital. Esto ha tenido consecuencias muy duras hasta el día de hoy. Hay una población mayoritaria no incorporada a la orden de gente, la esfera ciudadana. Y la estrategia utilizada por la elite brasileña ha sido negar que ese haya sido un proceso inducido por ellos. Ellos trabajaron el imaginario social de manera que los negros y los indígenas fueran vistos como culpables de su exclusión. Si eran pobres y estaban fuera de la orden de la gente era por su propia voluntad, porque no quisieron estar presentes. Junto a eso, es muy común en el país las creencias de que los negros son vagabundos, no aptos para el desarrollo social y lo mismo se dice de los indígenas. Esta es una visión que ha sido confrontada ideológicamente por el movimiento negro, y los sectores académicos y los democráticos. Para éstos, la visión inferiorizada de los afrodescendientes no tiene sustentación histórica, teórica ni política. A esta visión de la elite se refería Florestan Fernández cuando hablaba de la lógica del ‘preconcepto del preconcepto’. La elite ha impuesto la idea de que es correcto pensar que los negros y los indígenas no quieren desarrollarse. Desde el discurso de la elite, este pensamiento no es racista. Ellos consideran que esto se debe a la naturaleza no participativa y no inclusiva de los negros y de los indígenas. Este es un proceso de disputa ideológica que está siendo superado conforme avanzan los movimientos sociales y libertarios en la valoración de la humanidad como un todo.
El primer movimiento social de la historia de Brasil: el Movimiento Negro
El primer movimiento social brasileño es el movimiento negro que se remonta a los años de lucha contra la esclavitud. Este movimiento luchó contra la deshumanización de las personas. Esta es una tradición ética bastante importante que ha sido olvidada por la historia oficial del país que prefiere asumir que con la republica empieza todo en Brasil. El movimiento negro ha tenido diferentes organizaciones en cada momento de su lucha, primero, contra la esclavitud y, luego, contra la discriminación. Pero en líneas generales, el movimiento negro ha significado una confrontación del orden social vigente, de valorización de la africanidad, de valorización de la constitución de Brasil a partir de los tres pueblos: indígenas, europeos y africanos. El movimiento negro ha buscado el reconocimiento de la contribución del pueblo negro en la construcción histórica de Brasil. No somos descendientes de esclavos, sino de africanos que fueron esclavizados y que lucharon por su libertad. Todas estas razones son importantes en el escenario actual frente a una historia oficial que ha ocultado toda esa construcción. Hoy en día a partir de las demandas del movimiento negro, las escuelas públicas y privadas están obligadas por ley a enseñar la historia de los afro-brasileños y la historia de África. Se trata de recontar la historia del país. Esto es extremadamente importante.
Las mujeres negras dentro de los movimientos sociales
Lo común en la historia de las mujeres y de los afrodescendientes es su invisibilidad desde la mirada de las instituciones del estado. Su trabajo en la sociedad, al igual el de los afrodescendientes, no era reconocido como valioso o digno. Desde el punto de vista estructural son dos realidades socio-políticas que han vivido discriminaciones históricas. Sin embargo, el trabajo duro y pesado, pero invisible de ambos sectores ha contribuido a la construcción del país. Por eso, el movimiento negro anti-racista y el movimiento feminista anti-machista tienen como objetivos principales la inclusión de estos sectores en el orden socio-económico y la visibilidad política de sus sujetos colectivos. Lo paradójico es que tanto dentro del movimiento negro como del movimiento feminista, las mujeres negras e indígenas también han sufrido invisibilidad. La desigualdad se ha reproducido dentro de las propias organizaciones contestatarias. Como producto de sus luchas históricas, las mujeres negras e indígenas se están organizado de manera especifica y están trabajando en las contradicciones internas de los movimientos sociales a los que pertenecen. El movimiento feminista en Brasil fue formado en su mayoría por mujeres blancas de clase media y ha sido más difícil para las mujeres indígenas, negras y las mujeres pobres formar parte de la directiva de este movimiento. Ahí se expresa un conflicto entre género, raza y clase social. El movimiento feminista brasileño muchas veces ha expresado visiones sociales elitizadas. El movimiento negro, por su parte, ha estado lejos de las elites, pero también ha reproducido el machismo y las estructuras patriarcales de la sociedad. Esto ha ocasionado dilemas en la relación con el estado y en la interrelación entre estos dos movimientos. Son cuestiones complejas que tienen que ser enfrentadas.
Latinoamérica: eurocentrismo, blanqueamiento y negación del racismo
Mi trabajo dentro de los movimientos sociales negro y feminista y, luego, dentro del gobierno federal de Brasil me ha llevado a participar en diferentes encuentros en otros países de la región. A través de estas visitas he podido recoger breves señales sobre las realidades en otros países. Yo concuerdo con el sociólogo argentino Carlos Hasenbalg cuando él afirma que hay similaridades en la construcción de la ideología racista de los países latinoamericanos. Él las reúne en tres aspectos: identidades sociales construidas a partir de modelos europeos, organización social a partir de la lógica del blanqueamiento y la negación de la existencia del racismo. Para los afro-descendientes y para los indígenas de la región es interesante pensar su relación con el orden vigente considerando esos tres elementos. Hay diferencias entre los países latinoamericanos. Por ejemplo, Bolivia piensa y vive a partir de una mayoría indígena. Colombia a partir de una mayoría negra y con una minoría blanca en el poder. Brasil es un país mestizo, pero la estructura de poder es también blanca. En los últimos años hemos visto cambios interesantes en las estructuras de gobierno: un indígena presidente en Bolivia, una mujer presidente en Chile, un trabajador presidente en Brasil. A lo cual se agrega las cuestiones propuestas en Venezuela y la cuestión de los 50 años de la ‘revolución’ cubana. Todos estos son fenómenos que traducen la reacción ante la imposición de modelos europeos en nuestros países.
En Brasil, existen perspectivas analíticas basadas en los trabajos de Gilberto Freyre quien colocó el mestizaje como expresión de la igualdad y armonía de nuestra sociedad. Esta visión dominó el pensamiento de los grupos dominantes de Brasil durante décadas. El resultado elogiado de este mestizaje era el blanqueamiento, no el ennegrecimiento ni la indigenización de la población. La esperanza de este mestizaje era que los negros dejasen de existir en Brasil en algún momento. Ese fue el principal discurso que edificó lo que hoy los movimientos sociales llamamos la falsa democracia racial brasileña. Por presión estos movimientos, se hizo una enmienda en la Constitución para criminalizar el racismo de manera imprescriptible y sin derecho a fianza en 1988. En la práctica, sin embargo, aún es muy difícil demostrar un crimen racista en Brasil. Esta ley aún no tiene fuerza en las políticas públicas. Los movimientos sociales están luchando para cambiar esta situación a través de la aceptación de la existencia del racismo como un problema social y la construcción de políticas de inclusión, evitando que estas políticas sean asimilacionistas.
Proyectos políticos
Los movimientos sociales luego de luchas democráticas de muchos años consiguieron llevar a Lula a la presidencia. Este fue un evento innovador en la historia del país. Los movimientos sociales han abierto un camino para que el gobierno atienda directamente sus demandas históricas. Yo trabajé para el equipo de transición del gobierno de Cardozo a Lula. Por primera vez, dos presidentes brasileños trabajaron juntos por tres meses; aunque hubo muchos conflictos. Luego, fui convocada como ministra de promoción de la igualdad racial. Esta experiencia me hizo comprender Brasil y su relación con el mundo de una manera diferente. Hay tres cosas que me interesan en el orden político: primero, la estructuración de órganos de gobierno que promuevan la igualdad racial en el país. Aún hay muchos en Brasil que creen que diseñar políticas anti-racistas refuerza el racismo. Yo no lo creo. Segundo, combinar temas conflictivos dentro de estas políticas. Por ejemplo: acciones afirmativas en el campo de la educación para aumentar el ingreso de estudiantes negros a las universidades. Esto ha ocasionado un debate político intenso. Quienes se oponen a esto afirman que esto es inconstitucional. Los movimientos sociales necesitan trabajar más para que se establezcan estas medidas de gobierno. También necesitamos políticas para los quilombos. Existen más de 3,500 quilombos en Brasil. La población negra de los quilombos carga el legado de la historia de los afro-brasileños. Su principal demanda política ahora es la legalización de la propiedad de sus tierras. Ese sector requiere ser visible para las políticas de gobierno. Tercero, el fortalecimiento de la relación con el continente africano. En el pasado, Brasil ha negado su relación con la civilización africana. Este continente sólo fue visto como despensa de mano de obra. La cultura popular, religión, arte, música, culinaria brasileña, tiene raíces africanas. La identidad del país es en gran medida africana, pero esto no ha sido valorizado ni considerado en la esfera del estado. Necesitamos revalorizar la relación con el continente africano. Estas son las tres cosas que me hacen ver el escenario político de otra forma. En el futuro, quiero trabajar más por el diseño e implementación de estas políticas. El fortalecimiento de estos temas dentro de la historia oficial del país cambiará la lógica del pensamiento, democratizando la visión de la nación, incluyendo la construcción histórica que valoriza el país. Esto es lo contrario de lo que las elites han predicado. Para estas, incluir a estos sectores populares de la población es disminuir la imagen de la nación. La lectura que tengo del país es que la preocupación de la ciudadanía por estos tres aspectos va a crecer.
¿Cuándo por fín entenderemos que en este planeta sólo existe una raza y es la humana?
Por lo tanto a todos nos corresponde los mismos derechos y oportunidades. Empecemos concientizando desde casa.
Saludos
Comparto a plenitud el comentario anterior de Cecilia Paredes.
Por mis venas corre sangres de tantos pueblos que necesariamente no hago distinción de una u otra y respeto a todas por igual. Un abuelo mío es descendiente de afroperuanos e indígenas mochicas del norte peruano casado con mi abuela cuyo abuelo fue español. Mis otros dos abuelos son mestizos de la sierra central peruana y son descendientes de indígenas y españoles.
Y como es sabido los españoles también portan una diversidad de sangres en sus genes: iberos, celtas, fenicios, hebreos, griegos, cartaginenses, romanos y visigodos. Si las seguimos trazando al pasado llegamos a la ineludible conclusión de que la única raza es la humana, como sabiamente lo dice Cecilia en su comentario.
La historia humana esta marcada por nefastos y traumáticos episodios. Uno de los más terribles fue la historia del descubrimiento y conquista del continente americano en el norte y el centro por los ingleses y españoles y en el sur por españoles y portugueses. Siendo la esclavitud de pobladores africanos e indígenas a manos de los europeos el hecho mas infamante de esta conquista.
Hoy en día persisten, pese a todas las reivindicaciones, el racismo y las desigualdades sociales, culturales y económicas derivadas de tantos siglos de opresión y hay que hacer todo lo posible a todo nivel por eliminar esta desigualdad, pero sin fomentar el resentimiento. Este mundo moderno, que se ha vuelto una aldea global debido a la tecnología, debe ser el escenario adecuado para que las corrientes humanistas triunfen sobre la intolerancia.
NO DIGO QUE OBVIEMOS EL TEMA, SINO QUE NO LO HAGAMOS “FAMOSO” ACAS0 NO ES MEJOR HABLAR DE LOS LOGROS QUE DE LOS FRACASOS? RESCATAR LO BUENO… ASI CON EL TIEMPO LA PALABRA DISCRIMINACION VA A DESAPARECER…
NO SOY MUY BUENA EXPRESANDOME PERO BENDITO SEA QUIEN ME ENTENDIO!!!!!!