El Quinto Suyo

Mundo virtual del emigrante Peruano

El Último Suspiro (Cuento)

                                                                                                   EL  ÚLTIMO  SUSPIRO

El detective Domingo Ruíz apuntaba fijamente por la mirilla de su revolver Taurus Magnum calibre .44 directamente a la cabeza del narco que mantenía sujeta por el cuello a su rehén. Un sudor frío recorría su frente y sintió que una gota rodaba hacia abajo lentamente a la altura de su sien. Con el dedo en el gatillo listo para disparar recordó lo que hacía sólo minutos antes le dijo a la mujer: “no te preocupes, todo saldrá bien, te lo prometo”. Ahora ella no tenía escapatoria y se hallaba en peligro de muerte. Pronto llegarían los refuerzos y el narco entraría en pánico, como fiera acorralada daría batalla, no se rendiría, lucharía hasta el final por su libertad así muera en el intento. Domingo Ruíz ya había visto la muerte de cerca en sus primeros dos años de servicio en la Policía Nacional del Perú. Ladrones de poca monta abatidos a balazos, jóvenes asesinados en luchas entre pandillas, maridos celosos matando a esposas e hijos en ataques de locura, políticos corruptos en luchas de poder, hijos de millonarios persiguiendo la herencia de los padres. El crimen no tenía estrato social, atacaba a ricos y pobres por igual. Días antes Mirna “La Limeña”, mujer del narco, se le acercó para hacerle una confesión, era su deseo delatar a su marido quién la maltrataba sicológicamente amenazandola constantemente con hacerle daño a su familia si ella lo traicionaba. Mirna había intentado abandonarlo en varias oportunidades, pero el narco la mantenía aferrada a él, era su amuleto de la buena suerte y la necesitaba a su lado, al tenerla de rehén creía, en su subconciente, que podría huir de la policía sin un rasguño, ileso; estaba obsesionado con ella y no era para menos.

Mirna, mujer inteligente y sagaz, ya había estudiado los movimientos de la Comisaría de Barranco al detalle, sabía que no debía pedir ayuda a los oficiales antiguos y corruptos quienes seguramente recibían dinero de su marido, el narco, es por eso que decidió acercarse a Domingo Ruíz, oficial egresado de la promoción 2007 de la Escuela de Oficiales de la Policía Nacional con altos honores como número uno de su clase. Mirna sabía que el joven Domingo sería incorruptible, al menos por ahora, años más tarde, curtido por el tiempo y los años de servicio, quién sabe. Domingo, impactado por la belleza de Mirna, se dió cuenta inmediatamente del porqué el narco andaba obsesionado con ella. Su mirada profunda enamoraba a cualquiera, aquellos ojos pardos tenían el brillo de un par de diamantes finamente pulidos por el mejor de los joyeros, el cabello negro azabache que caía suavemente sobre sus hombros parecía haber pasado por las manos del más preciado de los estilistas, su figura, era la obra tallada por el mejor de los escultores de la ciudad, su voz, el descubrimiento cantante que desearía el más afamado promotor de espectáculos, su fina naríz el resultado final que quisiera tener el más conocido de los cirujanos plásticos, su dentadura el trabajo perfecto del mejor de los dentistas, sus labios carnosos la envidia de las modelos de portada. Trazaron un magnífico plan para hacer caer al narco en sus redes, él, aunque era astuto, tenía una flaqueza: estaba perdidamente enamorado de Mirna, y el amor a veces, nos hace perder la cabeza. Mirna lo seduciría como tantas otras veces para engatusarlo a confesar la verdad.

El Fiscal de la Nación, tenaz perseguidor de narcotraficantes había sido asesinado meses atrás. Mirna sabía que su amante, el narco, era responsable de ese asesinato. Domingo Ruíz se vió en la obligación de contarle el asunto a alguien. Aunque con cierto temor de que su plan se pudiera filtrar y llegar a oídos del narco, decidió hablar del tema con su superior inmediato, el Capitán Segundo Mateo, quién además fuera su instructor en la Escuela de Oficiales de la Policía Nacional, y en quién confiaba ciegamente. Los siguientes días, Mirna “La Limeña” y Domingo Ruíz los pasaron juntos trabajando en la manera como harían para que el narco cayera en la trampa. Con la venia del Capitán, Domingo colocaría un micrófono escondido entre las ropas de Mirna y también una cámara camuflada en el marco de unos lentes de sol. Para no despertar sospechas se encontraban en lugares públicos y se desplazaban por separado hasta llegar al punto de encuentro que generalmente era una casa que simulara estar en venta. Durante sus encuentros casuales trabaron una bonita amistad, la cual, quizás con el tiempo pudiera derivar en algo más, aunque Domingo sabía que nada bueno podría nacer de la unión de un policía y la ex-amante de un narco. Domingo le confió a Mirna su pasión por los dulces, en especial los postres peruanos. Mirna le prometió que una vez capturado el narco y volviendo las aguas turbias a su cauce ella le prepararía una rica mazamorra morada.

La tarde del día que eligieron para hacer efectivo su plan, tanto Mirna como Domingo se encontraban bastante nerviosos, sólo el Capitán Segundo Mateo les levantó el ánimo asegurándoles que el plan marchaba a la perfección y nada podría fallar. No llamaron a refuerzos por el temor de que hubiera algún soplón entre ellos. Todo marchaba viento en popa hasta que en la Bajada Balta el narco detuvo su BMW deportivo y tomó a Mirna entre sus brazos e intentó besarla. Ante el rechazo de ésta, el narco entró en sospecha y le arrancó los botones de la blusa dejando el micrófono al descubierto. Desde la camioneta donde Domingo y el Capitán monitoreaban a su infiltrada encubierta, pudieron ver cómo el narco de un cachetadón hizo volar los lentes de sol que Mirna traía puestos, perdiendo así contacto visual. Saltaron de la camioneta con sus armas en mano pero el narco ya tenía a Mirna presa entre sus garras. Al llegar los refuerzos, el narco se vió acorralado. En un rápido movimiento de milésima de segundo, el narco tiró a Mirna sobre el asfalto de un empujón y le descerrajó dos certeros disparos, una lluvia de balas, tanto del arma de Domingo como la de su Capitán y los refuerzos terminaron con la vida del narco quién cayó acribillado. El detective Domingo Ruíz corrió hacia la rehén que yacía en el suelo ensangrentada. La tomó de la cabeza y mirando fijamente sus ojos de diamante intentó contener el llanto. Mirna trataba de decirle algo. Domingo acercó su oído hasta los labios de Mirna para escuchar lo que ella balbuceaba: “tu me prometiste…” le dijo, y luego dió su último suspiro de aliento con olor a muerte y mentol directamente en la cara de Domingo. Al caer la noche, el detective Domingo Ruíz caminaba cabizbajo por la Avenida Grau rumbo a su pequeño departamento en Barranco. Vió manadas de jóvenes que se divertían gozando de la vida en los conocidos pubs de la zona. Necesitaba algo que le endulzara la vida. Ingresó a la dulcería Las Mesitas en donde era cliente habitual.

- Buenas noches don Domingo, ¿Qué se le ofrece hoy?- dijo Abelardo, el mozo de Las Mesitas.

- Buenas noches Abelardo- dijo Domingo Ruíz-. ¿Tienen Suspiro a la Limeña?- preguntó.

- Es su noche de suerte don Domingo- dijo Abelardo- sólo hay uno… es el último que nos queda- agregó.

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6 Comentarios para “El Último Suspiro (Cuento)”

  1. roberto mansilla dice:

    Dramatico ese último suspiro a la limeña.

  2. PATTY dice:

    …HUMM LE FALTO MAS DRAMA/FLORO A LA MUERTE DEL NARCO …”QUE EN MEDIO DEL ACRIBILLAMIENTO SALPICO DE SANGRE Y TIN~O DE ROJO EL FINO CUERO BLANCO DE SU BMW ” JAJA ME SALIO PATRIOTICO ! :roll:

  3. juan urbina dice:

    Le falto algunas lineas como por ejemplo como confeso el narco la forma que mato al fiscal y otras fechorias antes que se de cuenta del microfono que portaba La Limeña. 8) 8O

  4. David dice:

    Y la policiaca de donde la inspiracion?

  5. Pitty dice:

    A David: Estando en Lima de visita hace un par de años mis primos me llevaron al restaurante Las Mesitas en Barranco que es famoso por sus dulces, me comí un delicioso suspiro a la limeña, es de ahí que me vino la idea de un detective, un narco, su mujer apodada La Limeña y el último suspiro de ésta al ser asesinada coincidiendo con el ultimo suspiro que se comió Domingo Ruíz en Las Mesitas.
    A Juan y a Patty: Trataré de corregir y extender el cuento para darle mayor énfasis al personaje del narco, gracias por sus sugerencias. 8)

  6. Javier Elizalde dice:

    Me gusto, en pocas lineas logras esa mezcla policial y romantica, me gusta el estilo, describes pero no en exceso pues es un cuento corto, y no una novela corta, abrazos

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