En este momento estoy en un pequeño poblado rodeado de bosques y lagos en Massachusetts. Escribo este post porque aún tengo la cabeza deliciosamente atiborrada de los olores, sabores, colores, sonidos, texturas y calores de mis tres semanas de reencuentros con familiares, amigos y mi tierra ancestral en el Perú (después de 7 años de ausencia). Mis recuerdos placenteros se ubican entre los desiertos de Paracas y Sechura. Apenas dejé el aeropuerto del Callao a mi llegada, el aroma a vida primordial del mar, nutrido de flora y fauna marina, fue el primer olor que me hizo sentirme en casa.

















