Caminábamos como tantas veces sin rumbo, mi querido amigo Jorge “Pato”, Daniel “Paiva” y Pancho “Trabalenguas”, por las calles de Dios, buscando lo que siempre buscábamos y no sabíamos exactamente que era, quizás un poco de alegría, alguna botella de ron ayudaba pero con el paso del tiempo las risas se iban agotando. De pronto vimos en una pequeña casa mucha luz y música, la gente se movía desenfrenadamente, ellos si habían encontrado lo que nosotros buscábamos y no sabíamos encontrar. Mirando tras las ventanas desde afuera, las contorsiones, la música de B52 parecía enloquecer a esos sabios que sabían lo que hacían. Pancho dijo la puerta está abierta (quizás por el calor), Daniel “entramos”, “pato sonrió maliciosamente, Yo me tome un largo trago de ron que era mi forma de decir “let’s go”. Fue cuestión de segundos, esperamos que empezara una canción y en el tumulto, “zas” estábamos adentro, la técnica era sacar a bailar inmediatamente a quien sea y sonreír sintiéndonos parte de la fiesta. Mis movimientos algo torpes y por estar cerca del tocadiscos hacia que chocara con el aparato y la aguja “saltaba” y la canción volvía empezar, larga muy larga canción de B52, la gente sudaba pues no tenía cuando acabar, alguno por ahi se dio cuenta de mi torpeza y me miraba reprochándome pero no decía nada, quizás otro “colado”. Me aleje un poco del tocadiscos, ese movimiento fue fatal (y el ron) pues solo vi que las luces del techo me miraban, la caída hacia atrás era en cámara lenta, solo llegue a ver el rostro de la chica sorprendida (¿o quizás ella me empujo?), pero un milagro sucedió, a punto de caer de espaldas el ron mostro sus reflejos, mis manos tocaron el piso y mismo Nadia Comaneci en su mejor momento cuando gano las Olimpiadas, me impulse para seguir “toneando”, no sé cómo regrese y me encontré moviéndome de nuevo verticalmente. Las miradas de los “toneros” sorprendidos, de admiración, o envidiosos de mi agilidad gimnastica, y Yo con mi mejor sonrisa solo le dije al oído a la chica: “ese es el paso de la caída”, ella sonrió coqueta y me dijo “¿vamos afuera un rato?” y Yo – claro hace calor. Salimos a la calle, mastique un chicle voltee a ver mi conquista lograda gracias a Nadia y ya no estaba, cerró la puerta de la casa. Enana estúpida (pensé) no sabe apreciar la gimnasia.
Me quede afuera confirmando lo que no quería confirmar, “soy un imbécil”. Me fui tratando de caminar, tratando de olvidar, sábado en la noche por esas calles oscuras, termine en un chifa con una sopa wantan que nunca se acababa pues quizás mis lagrimas o el sudor no me dejaban ver el final. Me quede pensando en el paso de la caída, de la canción interminable, de las miradas de molestia de esa gente desconocida, que se cree feliz solo porque no se caen.
Camine hacia mi casa y como casi cada semana paso un patrullero y me “levo” y dormí una vez más en la comisaría donde el ron no me salvo del paso de la caída, esa noche soñé con Nadia Comaneci.
EXCELENTE JAVIER, aunque con algunas pequeñas faltas de “H”ortografía, llegaste a tu objetivo, entretener! Me he ca**do de risa
Gracias Alfredito, ayer lo escribi luego de darme “un resbalon” por querer hacer una jugada de mas mientras jugaba basket, total una caida es una caida,
Son los golpes de la vida. Las caidas. Te forman. Te moldean. Luego le llamamos la experiencia.
Muy cierto querido Carlos, aun sigo golpeandome…. pero ahora me caigo con mas experiencia.