LAS CUATRO PALMERAS

Mi padre, Capitán de la Guardia Civil y comisario de la ciudad, era aficionado al andinismo. Andaba de viaje por Chile escalando el Aconcagua. El ya antes había subido a la cima del Huascarán, que mostraba imponente su figura a través de la ventana de mi habitación. Habíamos vivido en Lima, donde nací, también en Tumbes, donde nació mi hermana. Ahora estabamos aquí, en Yungay, la tierra de mi padre.
Aunque ya estaba despierto, seguía acostado en mi cama. Acurrucado entre las sábanas y mi frazada ploma con franjas rojiblancas, típica de las fuerzas armadas. Amaneció soleado aquella mañana del 31 de mayo de 1970. El aire fresco y frío, y el cantar de los pajaritos anunciaban un espléndido día. Eran poco más de las once de la mañana y como todos los domingos me podía quedar en cama hasta tarde. No tenía que ir al colegio y me daba flojera levantarme. Escuché un ruido, alguien estaba tirando piedrecitas a mi ventana. Me asomé. Era mi primo Pepe con su carropatín, el mismo que usabamos para corretear a las cholas. Nos deslizábamos en el por la vereda cuesta abajo espantando a los peatones y grítando: “¡No tengo frenos!”. La gente huía despavorida al vernos venir a toda velocidad y nosotros muertos de risa pasando por en medio de las piernas de las señoras y las muchachas, metiendoles la mano y levantandoles las polleras. “¡Jijuna gran pampa!”, nos gritaban. No teníamos miedo, éramos el hijo y el sobrino del comisario y eso nos hacía sentir intocables.
- ¡Ven Toño, vamos a jugar a la calle! – dijo Pepe entusiasmado.
- Es muy temprano y tengo frío. – contesté bostezando.
- Eres un flojonazo Toño, son más de las once. – añadió Pepe compunjido.
- Mejor entra y tomemos desayuno. – sugerí somñoliento.
Tocaron a la puerta, mi madre abrió. Pepe entró corriendo a toda prisa. Un viejito lo venía correteando. Pepe había pasado sobre un charco con el carropatín, el agua sucia salpicó embarrando el terno impecable del viejito.
- ¿Qué hay de desayunar tía Rosita?. – preguntó Pepe.
- A ver, voy a ver… – dijo mi mamá.
El refrigerador estaba casi vacío, no había ni mantequilla, ni queso. En la panera solo quedaba pan duro. Generalmente mi padre y yo íbamos de compras al mercado los fines de semana y de pasadita nos tomabamos un rico plato de sopa wantán con aroma a kerosene en el puesto de los chinos. Pero como papá estaba de viaje, la comida se acabó y mamá aún no había tenido tiempo de ir al mercado.
- Vayan a vestirse para ir al mercado.- nos dijo mi madre a Pili y a mí.
Pepe nos esperó en la sala viendo Astroboy en nuestro televisor Zenith en blanco y negro de veinticinco pulgadas, uno de los más grandes del barrio donde viviamos. Rápidamente subimos a nuestro Volkswagen escarabajo celeste. No habían muchos autos en Yungay y menos en nuestro barrio de la Urbanización de la Policía. Mi padre siempre repetía que los custodios del órden eran mal pagados por el arduo trabajo que realizaban. Atrapar a delincuentes y malhechores que asaltaban, robaban y hacían de las suyas no era cosa fácil. Había que tener huevos para enfrentarse a balazos con los rateros y todo con el único fin de proteger a la ciudadanía. Así que el tener carro era una de las ventajas y el privilegio del que gozábamos al ser la familia del comisario de Yungay, Capitán Alfonso Lúcar Bernardi de la Benemérita Guardia Civil del Perú.


Fuimos al mercado a hacer compras para el desayuno a pesar de ser ya mediodía. Pasamos por la plaza de armas, las palmeras de la plaza se mostraban altas, firmes, imponentes ante el majestuoso cielo azul despejado de las alturas de la sierra peruana. En el mercado compramos leche fresca recién ordeñada, aún estaba tibia. Mote, cancha, avena y pan serrano. Unos puestos más allá, jamón del país y queso fresco de cabra. De regreso a casa Pepe y yo discutíamos sobre quién meterá más goles en éste mundial, Cachito Ramírez o el Néne Cubillas. Faltaban unos días para que el equipo peruano hiciera su debut, pero hoy se inauguraba el mundial y no nos lo podíamos perder. Tomábamos desayuno mientras nuestro héroe Meteoro pegaba de saltos con su Mach 5 en medio del desierto del Sahara en la pantalla del televisor.
- La leche con avena está deliciosa mamá.- dijo mi hermanita Pili raspando el fondo del plato.
- ¿Quieres más?- preguntó mamá contenta.
- ¡Si, si, un poquito más!- respondió Pili.
Los domingos siempre habían dibujos animados hasta tarde y Panamericana Televisión anunció en los comerciales que después de Meteoro vendrían Los Tres Espaciales.
- Cuando termine ese programa tenemos que salir a la calle…- advirtió mamá.
- ¿Adonde vamos?- preguntó Pili entusiasmada.
- A la florería.- dijo mamá contando el dinero que tenía en su cartera.
- ¿Para qué tenemos que ir a la florería?- pregunté yo.
- ¿Ya no se acuerdan?- respondió mamá- hoy se cumple el primer año de la muerte del abuelito Aurelio, tenemos que ir al cementerio a llevarle flores.
- ¿Y porqué?- preguntó Pili. Estaba en la edad de los porqués.
- Porqué así es como honramos a nuestros familiares fallecidos.- dijo mamá.
- ¿Y qué es fallecidos?- preguntó Pili nuevamente.
- Fallecidos es una palabra parecida a muertos solo que es más bonita, más delicada…- contestó mamá.
- Pero tenemos que regresar rápido a casa tía Rosita, hoy comienza el mundial México setenta y no me lo quiero perder.- dijo Pepe emocionado.
El padre de Pepe, mi tío Jacinto, era profesor de colegio. Pepe no era buen estudiante, sacaba malas calificaciones, lo cual molestaba mucho a mi tío quién esperaba que Pepe tuviera las mejores notas de su aula: ” El hijo de profesor Jacinto Méndez tiene que dar el ejemplo a sus compañeros de estudio y ser el número uno de su salón de clases”, decía el tío. En algunas ocaciones el tío Jacinto llegaba bebido a su casa y se la agarraba con Pepe, le daba sus buenas tandas. Por eso Pepe prefería pasar más tiempo en mi casa, donde era recibido con los brazos abiertos.
Mientras mamá manejaba rumbo a la florería íbamos jugando a adivinar las marcas de los carros. Comenzaba a caer la tarde, el sol alumbraba brillante y el día se ponía más caluroso. Llegamos a la florería de Josué. Era medio raro el muchacho, tenía cara y voz de hombre pero se vestía y actuaba como mujer. Algo que un niño de mi edad aún no podía comprender.
- Hola Josué, ¿Cómo estás?- dijo mamá.
- Bien gracias caserita- contestó Josué- ¿Qué necesitas mamita? Tengo flores fresquitas, gladiolos, orquídeas, violetas, tulipanes, rosas, lo que tu quieras mamita, pide nomás con confianza caserita.
- A ver necesito… flores para llevar al cementerio, quizás unos claveles y… los gladiolos se ven bonitos- dijo mamá.
Cuando llegamos a la florería de Josué eran ya casi las tres de la tarde, Pepe y yo estábamos muy impacientes, a las cuatro se transmitiría la inauguración del mundial. No entiendo porqué mamá tenía que comprar flores en una florería, si también las venden en la puerta del cementerio, son igualitas y hasta más baratas. Mi papá siempre hablaba de los bajos sueldos de los policías y sin embargo mi mamá a veces compraba cosas en los sitios más caros. Al final esas flores se marchitaran y el abuelito, que yo sepa, no se las va a llevar a ningún lado. Mamá demoró una eternidad escogiendo las flores, Pepe y yo estábamos al borde de la desesperación, deseabamos volver a casa, no queriamos perdernos el primer partido del mundial Mexico 70. Finalmente después de pagarle a Josué, volvimos al carro y partimos rumbo al cementerio.
- Paciencia chicos, solo nos tomará un momento- dijo mamá con su acento de limeña pituca- tenemos que darle una rezadita al abuelito.
Al llegar al cementerio, caminamos por un sendero polvoriento hasta dar con el mausoléo de la familia Lúcar. Colocamos las flores, nos arrodillamos, un Padre Nuestro, un Dios te salve María y un ángel de la guarda. Todos en silencio, solo se escuchaba el ligero silvido del viento. Mamá le pagó una propina a un muchacho para que limpiara la lápida del abuelo. Caminábamos por el sendero polvoriento de regreso al auto cuando de pronto el piso empezó a temblar. Eran las tres y veintitres de la tarde. Entramos al carro rapidamente sin entender lo que sucedía. Pepe y yo teníamos siete años y mi hermana cinco. Mamá arrancó el carro mientras la tierra seguía temblando y partimos velozmente.
Pasaron escasos segundos desde que partimos del cementerio cuando escuchamos un fuerte ruido, similar a la caida de un rayo. A lo lejos ví una imágen escalofriante. Un gigantesco pedazo del Huascarán, el mismo que yo veía todas las mañanas desde mi ventana, se había desprendido. Mi mamá de inmediato dió la vuelta en U atropellando a un perro que lanzó un aullido desgarrador. Regresamos a toda velocidad a la colina donde estaba el cementerio. Yo estaba sentado en el asiento posterior, volteé a mirar por la ventana trasera. Una ola espesa de color oscuro se nos venía encima. Entré en pánico. Quería gritar pero no me salían las palabras. Me quedé mudo. Jalé la camiseta de Pepe para mostrarle lo que veían mis ojos.
- ¡Se nos viene el huayco!- gritó Pepe asustado.
Yo seguía mirando atónito como la ola se nos acercaba. No podía pronunciar una palabra. Se me había trabado la lengua. Mamá detuvo el carro, las llantas derraparon.
- ¡Salgan del carro!, ¡salgan del carro!- gritó mamá.
Corrimos a lo alto de la colina donde está la estatua de Cristo. Había mucha gente, unos llorando, otros rezando de rodillas. La ola grisásea rebotaba por las laderas de los cerros que rodeaban la ciudad de Yungay. En cuestión de segundos ví los pocos recuerdos vividos a mi corta edad desaparecer. La hacienda de los abuelos, con sus chacras y los peones que trabajaban en ella, los padres de Pepe, la pequeña escuelita donde estaba aprendiendo a leer y escribir. Mi profesora Juana y mis compañeritos de aula. La comisaría donde trabajaba mi padre y el Sargento que me regalaba caramelos cuando iba de visita. La florería de Josué, a quién acababamos de ver hacía tan solo minutos. Sollozando bajo una gigantesca nube de polvo y sin poder contener el llanto, nos abrazamos.
Desde arriba de la colina pudimos ver el huayco pasar, un alud de barro con la fuerza de un remolino arrasador. Agua mezclada con lodo que se llevaba todo lo que encontraba a su paso: carros, camiones, árboles, casas, ganado, hombres, mujeres, niños y ancianos. Gente que no pudo escapar de las fauces del alud que se derramó desde lo alto del Huascarán. Solo quedaron cuatro palmeras en la plaza. La imágen quedó grabada en mi retina, nunca la podré olvidar, ni borrar. Por más de tres meses no pude pronunciar una palabra. El doctor le dijo a mis padres que lo mío era un problema de los nervios, que los niños olvidan rápido, que ya se me pasaría y con el tiempo volvería a hablar. Que mi mal se debía al susto de presenciar lo que me tocó vivir.
TRAYECTORIA DEL ALUVION
VISTA AEREA-YUNGAY ANTES
VISTA AEREA-YUNGAY DESPUES
CEMENTERIO DE YUNGAY
MURAL DE LOS CAIDOS
fuerte Pitty
Revisa la palabra huascaran
Que hay de la historia de esos nnos q se salvaron en un crco?
Gracias Alain, se me olvidó la “s” en Huascarán. Bueno según los datos que pude recopilar en mi investigación previa a la escritura de éste cuento hubieron 91 personas que se salvaron en el cementerio y 300 niños en el circo “Verolina” que se encontraba ubicado en un cerro cercano al cementerio, dentro de un estadio. Los personajes de mi cuento pertenecen al grupo de los 91 del cementerio. Quizás más adelante decida extender el cuento y crear algunos personajes paralelos que pertenezcan al grupo que sobrevivió en el circo. Un abrazo.
PASU BRUTAL COMO SIEMPRE !
TE FELICITO !
ME HICISTE LLORAR ,RECOPILAR ASI LAS HISTORIAS QUE CRECIMOS ESCUCHANDO Y VIVIENDO DE NUESTROS ABUELOS,TIOS Y DEMAS FAMILIARES ES ALGO QUE SOLO QUEDA EN UNO Y PARA SIEMPRE !
HA VECES LLAMARLO “CUENTO” SUENA A INSULTO !
ASI DE RICA Y SABIA ES LA LITERATURA,PODEMOS CREAR
Y JUNTAR HISTORIAS REALES CON IMAGINACION Y HASTA FICCION!
…SE TE OLVIDO MENCIONAR QUE MI AVENA TENIA MANZANA,MEMBRILLO PICADITO Y CANELA EN AQUEL JARRO DE LOZA PORCELANADA, QUE AL RASCAR CON LA CUCHARA HACIA UN RUIDO PECULIAR QUE ENCRESPABA LOS NERVIOS DE ROSITAAAAAA,NUESTRA MADRE !
LA LECHE RECIEN ORDEN~ADA
ES ALGO QUE AGRADEZCO A GRITOS AL CIELO ! CREO QUE A ELLA LE DEBO LA FORTALEZA DE MIS HUESOS !
I LOVE YOU MAN !
….JAJAJA ALGUIEN ME HIZO ACORDAR QUE EL CAPITAN TENIA MIEDO A LAS ALTURAS NO ESCALABA NADA !
AUN ASI TENIA OTROS MERITOS …CON CORAJE SALTO DEL “HELICOPORO” EN MEDIO DE LA SELVA PERUANA Y SOBREVIVIO COMIENDO “GUZARRAPAS Y ESCOLOPENDRAS ”
Y SALIO ENTRE LOS 8 MAS DESTACADOS POR NO DECIR EL # UNO Y CON HONORES DEL GRUPO DE LOS “SINCHIS” AQUELLOS PERUANOS 007 – JAMES BOND CON LICENCIA PARA …PLOP !
… FLORAZO ,CUENTO ,HISTORIA REAL DEJEMOSLO A LA OPINION DEL LECTOR !
Muy bueno el cuento Alfredo, muy logradas las anécdotas y hechos previos, y durante el terrible aluvión que desapareció a Yungay .Buena también la manera como sobrevive el protagonista para contar lo sucedido.
Saludos
PITTY, TE FELICITO POR TAN BUEN RELATO, ES COMO SI IMAGINARA CADA ESCENA.
EXCELENTE AMIGO…!!!!!
UN ABRAZO
CARLOS ESCUDERO
Felicitaciones alfredo
el cuento esta increible !!
con la ayuda de las imagenes he podido imaginas cada escena
ahora que estoy llevando redaccion me va ser de mucha utilidad tus articulos
un abrazo
EXITOS
Alfredo
Felicitaciones, la Historia-Cuento, de principio a fin mantiene al lector interesado en seguir con la lectura, que es muy importante en un escritor, todo en conjunto enlaza emociones, la pasion que le pones a este relato me encanto. Sique para adelante, espero que algun dia recopiles todas estos Cuentos o Historias y nos des con la sorpresa de un libro!
Chau
La tia
Amparito
Me ha gustado mucho la historia. Pero muy corta…que penita…escribes muy bien. te felicito
mi tia abuela siempre visitaba y me ablaba de ese lugar… yungay y me contaba de ese terremoto y alud que hubo en 1970.. y poca importancia le tomaba… aora qe lo visite por cuenta propia el 21 d febrero d 2010.. me quede sorprendido con todo lo qe vi y se me vino a la mente lo duro que seria haber vivido alli y presenciar todo eso..- EXELENTE TU HISTORIA –
…BUEN RELATO…HAY QUE RECORDAR A NUESTROS SINCHIS..QUE FUERON LOS QUE SALTARON EN PARACAIDAS EN HUARAZ ,,CUANDO BELAUNDE ERA PRESIDENTE…Y NO FUE NI EL EJERCITO ,NI LA MARINA ,,NI MENOS LA FAP….FUERON LOS SINCHIS DE MAZAMARI…GRACIAS POR ESE ACTO HEROICO…SOLO MERECE VIVIR QUIEN POR UN NOBLE IDEAL ESTA DISPUESTO A MORIR..RA..RA.RARA…//