Ayer 30 de abril, día de la Reina en Holanda, he vuelto a escuchar el sonido de las zampoñas, de ese instrumento mágico que nunca pude dominar, y cuya música me transportó. 1994 buscaba un tema para mi tesis del magister de Antropología y mis viajes me llevaron a conocer los vericuetos del mundo puneño.
Entre este año y el siguiente viajé a Puno como cinco veces. Ni la altura, ni el famoso soroche menguaron mis ganas de visitar estas tierras, que conocí por primera vez en 1988. Descubrí también su riqueza natural: las vicuñas, sus paisajes, la parte del Lago no visitada y sus danzas.
De tanto ir me hice amiga de familias de la zona, quienes me brindaron sus casas y su afecto. Compartí deliciosos almuerzos y lonchecitos y sobre todo su cultura y forma de pensar.
En febrero de cada año se celebran las fiestas en honor a la Virgen Candelaria, pues esta humilde citadina tuvo la suerte de participar como invitada en las prácticas de los bailes que realizan los grupos por las noches desde diciembre y enero. Allí estaba, dominando la saya dándole de saltitos y vueltas y agitando al corazón, cada tarde hasta que el sol se pusiera y si el clima y el cuerpo lo permitía, seguíamos hasta las 8 de la noche. Después un rico caldo calientito, su buen segundo y a descansar. ¡Qué música tenemos! Cadenciosa, ritualista, sentimental, que oprime y suprime penas, que trae y aleja nostalgias, que te derrumba y te levanta. La saya, los caporales, las polleras cortitas y de colores deslumbrantes, así se viste Puno por estas fiestas.
Y muchos negocios se ponen a trabajar muy duro. Me acuerdo que entrevisté a una familia dedicada a coser los vestidos de los bailarines que son conocidos como “los diablos”y que suelen bailar entre los grupos de danzas. Cada disfraz no bajaba en ese entonces de los 500 soles (unos 120 euros) y eran mandados a confeccionar en octubre del año anterior al baile.
Todas estas imágenes se me vinieron cuando escuché en la inauguración de un supermercado nuevamente esta música y cantada por un mexicano y una holandesa, quienes vestidos con una mezcla de mexico-desa paseaban por entre los pasillos.
Y a continuación se vino la Piragua y otras canciones y con ellas la nostalgia, de muchas canciones relacionadas a partir en un barco…