El Quinto Suyo

Mundo virtual del emigrante Peruano

Noche de Locos

por @ 8:44 pm en junio 9, 2008. Tags: ,
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Mi primer paseo nocturno por los alrededores del norte de Virginia y el area metropolitana de Washington DC resultó algo accidentado. Salimos con mi primo y su amigo japonés en el auto deportivo del segundo, del cual no recuerdo la marca ni el modelo, pero si que era blanco, tenía 2 puertas y solo asientos delanteros, de modo que entramos los tres apretujados. Era junio de 1989 ya entrada la noche y yo solo tenía días de haber llegado a Estados Unidos.

Primero me llevaron a conocer una tienda de venta de artículos sexuales para adultos (porno shop). Me impresionó la cantidad de cosas que habían, desde revistas y películas (en VHS, todavía no existían los DVD’s) hasta consoladores de todos los colores y tamaños pasando también por los órganos sexuales femeninos hechos de material plástico y las infaltables muñecas inflables. También aceites para el cuerpo de las mas variadas escencias y pomadas y sprays para agrandar el órgano sexual masculino, era la primera vez que venía una tienda de este tipo de modo que quedé impresionado con cada cosa que veía. Mención aparte merecen los artículos de sadomasoquismo, látigos, cadenas, ropa interior de cuero, collares con púas; fueron los que más me impresionaron.

Al salir de la tienda, paramos en la esquina para cruzar la pista. Había un buzón de venta de diarios y mi primo me ofreció comprar uno. Cómo no leía bien el inglés, le dije que no era necesario, que no malgastara su dinero. Pero insistió en que el compraría uno y que el mío le salía gratis. De modo que colocó una moneda de $0.25 (así costaba en ese tiempo, ahora cuesta $0.75) abrió la puerta del buzón y sacó como una docena de diarios Washington Post. Así me demostró que algunos peruanos o latinoamericanos (no todos, no puedo generalizar, felizmente son una minoría) nos aprovechamos de la ingenuidad y honestidad del norteamericano para hacer la criollada, hacernos los vivos e infringir la ley. Unas cuadras más allá mi primo tiró todos los diarios al basurero. Ahora en el siglo 21 que hay cámaras de video por todas partes ya no se puede hacer eso.

Regresamos al carro y fuimos a la calle 14 en Washington DC la cual por las noches es frecuentada por prostitutas. Mi primo me presentó a algunas como sus amigas. Conocía a algunas que estudiaban  en el College durante el día y en la noche se prostituían para así poder costearse los estudios. Luego estacionamos el auto y me dijo que iríamos a un bar donde bailaban mujeres desnudas. Todo era nuevo para mí, así que aunque un poco asustado, acepté. Pero cuando estábamos cruzando la pista, se nos acercó un negrazo con cara de pocos amigos a pedirnos “weed” (hierba). No entendí muy bien lo que el japonés y mi primo conversaron con el, pero si entendí que le explicaban al moreno que yo andaba de turista y que me estaban dando un tour de noche por la ciudad. Imagino que de alguna manera los amedrentó porque nos dimos media vuelta y entablamos el camino de regreso a casa.

Estábamos por la carretera 395 cuando el japonés quizo enseñarme cuán velóz era su carro, como era tarde la calle estaba casi desierta, íbamos a toda velocidad a más de 100 millas por hora (unos 160 Kilómetros por hora), de pronto escuché un ruidito, era mas bien un pitito. Sobre el espejo retrovisor había colocado un aparatito de lucecitas rojas que aumentaban de intensidad, el pitito era cada vez más frecuente. Pregunté que cosa era, no me quisieron explicar. Les señalé a mi primo y al japonés que el cartel de límite de velocidad indicaba 60 millas por hora, no me hicieron caso. Al poco rato ví las luces de un carro patrullero detrás de nosotros. Se me hizo un nudo en la garganta, se me erizó el cuerpo de solo pensar que teniendo tan solo días en Estados Unidos, me meterían preso, me deportarían y rebocarían mi valiosa visa de turista multiple indefinida. Miles de pensamientos pesimistas pasaron por mi cabeza en ese tenso momento.

El japonés detuvo el carro. En Perú, generalmente cuando a uno lo detiene el policía de tránsito, lo natural es bajarse del auto  y hablar con el jefe a ver como se pueden “arreglar” las cosas. Sin saber que aquí no se acostumbra eso, me bajé del auto (no con intención de “arreglar” nada, sino para estirar las piernas mientras el japonés hablaba con el tombo). Escuché sin entender los gritos del policía que me decía que vuelva a subir al carro. ¡Peor! pensé dentro de mí, ahora el tombo se la agarrará conmigo. Rapidamente mi primo sacó el aparatito que estaba sobre el espejo retrovisor y me pidió que lo guardara en mi bolsillo. El policía le pidió al japonés su licencia de conducir y la tarjeta de registración del carro. Lo hizo bajar del carro y como en las películas policiales, (COPS… “bad boys, bad boys what’ya gonna do, what’ya gonna do when they come for you”) prosiguió a revisarle los bolsillos, le hizo el test de sobriedad y como era reincidente en infracciones de manejo a alta velocidad se lo llevó preso… ¡esposado! Seguimos al patrullero hasta la comisaría, mi primo manejaba.

Todavía no salía de mi asombro cuando mi primo me dijo que el aparatito que yo guardaba en mi bolsillo era un “radar detector” osea un detector de radar diseñado especialmente para detectar si hay carros patrulleros cerca, cuanto más cerca el patrullero, más intensas las luces y más intenso el pitito. Hasta ahora no acabo de entender porqué el bruto del japonés aceleraba más sabiendo por el “bip, bip, bip” del radar, que el patrullero andaba cerca; y para colmo, la tenencia de dicho juguetito ¡es ilegal!… y yo lo tenía en mi bolsillo!!!. Mientras esperábamos en la puerta de la comisaría, mi primo me contó que los padres de su amigo japonés eran gente muy pudiente en Japón, que le mandaban un montón de dinero para gastar… y malgastar, que le pagaban un buen departamento y le daban tarjetas de crédito con saldo ilimitado para sus gastos imprevistos. Lo tuvieron detenido en el calabozo, después de dos horas y media de espera, el japonés salió de la comisaría bajo fianza. La cual pagó… ¡con su tarjeta de crédito!!.

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3 Comentarios para “Noche de Locos”

  1. Arturo Castro-Guerra dice:

    Apreciado amigo Pitty: He estado leyendo todas tus historias e interesantes aventuras (jamas contadas. . . ) lo cual es un privilegio vivirlas.
    Me haces recordar, que una de las veces que estuve en Washington, a un primo le contaba las cosas y experiencias que vivia. Cuan admirado estuvo que me decia que las escribiera ya que cada dia era un libro completo, ya que para mi el estar poco tiempo en una ciudad nos recordaba las vivencias de la serie El Fugitivo. . .que en el fondo guardaban enseñanzas muy valiosas para la vida, podria asegurar que no vivio tantas cosas antes del drama de la muerte de su esposa.
    Algo que debo resaltar es tu muy buena manera de escribir, lo haces ameno y matizado con ocurrencias que permite al lector no abandonar la historia, hasta terminar el parrafo.
    Felicidades
    Arturo

  2. Alfredo dice:

    Arturo, muchas gracias por tu valioso comentario. Me incentiva a seguir escribiendo. Mil gracias. Pitty. :P

  3. Sissi dice:

    HOLA PRIMO: REALMENTE FUE UNA NOCHE DE LOCOSSS!!! AHORA VEO QUE AQUI EN PERU AUN ESTAMOS EN PAÑALES SOMOS MAS ZANAHORIASS!! JA,JA,JA..
    SALUDOS
    SISSI

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