Esa navidad del chocolate caliente, del paneton en trozos, frutas confitadas con olor a canela y mazamorrita calientita, el ruido de los cohetecillos, olor a pólvora, ¡Ese olor a Navidad!, tiendas adornadas, iluminadas al máximo, vendedores amables con sonrisa Navideña.
Las jugueterías repletas de gente, el ruido a plástico, de sirenas de patrullas a cuerda, juguetes esperados con ansias por pequeñines con deseos infantiles.
Iglesias llenas de clientes, murmullos de ruegos y pedidos ansiosos con verdadera Fe. Navidad que crece con el pasar de las horas, que odios y rencores se olvidan y perdonan y que el transito se detiene al sonar las campanadas anunciando el nacimiento del niño Dios y la gente se abraza, llorando algunos riendo otros, que muchos se encuentran alrededor de una mesa, otros compartiendo un pan en alguna esquina, pero todos con emocionante Fe y alegría festejando el nacimiento del niño Jesús, que se disparan todos los cohetecillos que quedan y se intercambian regalos, abrazos y buenos deseos con miradas tiernas.
Esa Navidad ya no existe, solo hay apuros económicos y colas para empeñarse por algún juguetillo de moda y así aparentar ante los amigos un bienestar que no existe para nadie.
El sonido permanente de las cajas registradoras y el grito de los ambulantes que estorban el andar o el correr para alcanzar al ladrón que nos acaba de robar la billetera.
Que la cola para comprar velas se confunde con la del pan, porque alguien nos corto la luz y nos han dejado a oscuras y que muchos pasaran la noche buena en la cárcel víctimas de las “batidas” policiales, que el estruendo de balas y sirenas policiales asustan a la gente, teniendo que refugiarse en sus casas o chozas, que al amanecer manitos y miradas infantiles buscaran ansiosas el juguete deseado y que no siempre encontraran, por falta de recursos agotados en la frugal cena navideña.
Y los diarios saludaran el nuevo día con rojos titulares de muertes y deseos navideños de políticos madrugadores o trasnochados, ¡Hipócritas!
Navidad oscura que nos llena de cobardes ideas y que quizás hay que terminar de una vez, y entonces en otra vida regrese la Navidad de chocolate caliente, el paneton en trozos con olor a canela y mazamorrita calientita.