El Quinto Suyo

Mundo virtual del emigrante Peruano

Un Laberinto: Dejos Peruanos y Palabrotas Españolas

Javier Távara, con quien mantengo una hermosa amistad prenatal (pues nuestros padres fueron amigos inseparables desde su juventud), me envía esta sabrosa crónica sobre las diferencias entre el castellano peninsular y el peruano en las calles de Madrid.

“Tengo algo de vocación camaleónica, así que al llegar a Madrid me enfrenté al siguiente dilema: ¿mantengo el hablar formalito que tenemos muchos peruanos, con el usted y el tú bien diferenciados, sin lisuras delante de las damas y con frases llenas de diminutivos? ¿O me entenderé mejor con los españoles hablando con su forma tosca y directa, sazonada con palabras que en el Perú son groserías? Comenzaban los años noventa y Madrid mantenía en sus barrios un aire de pueblo que ha crecido demasiado. Los peruanos todavía éramos pocos, muchos españoles apenas habían visto alguna telenovela venezolana y tenían dificultades para entender a los latinoamericanos. ¿Qué hacer?

 

Sabía que las diferencias entre el habla castellana y el habla del Perú eran básicamente la ce, la zeta y el vosotros. Así que mantener el habla de peruano era sencillo. ¿Pero cual era mi habla de peruano? No tenía el dejo de mi familia piurana con su guá incluido. Ni tampoco el criollazo de mi barrio de Lima, con su compadrito y su jarana. Ni tampoco el de los pitucos con los que estudié en la Universidad Católica, con su manyas y su o sea. Mi habla de peruano era una mezcla de todo eso y cambiaba de acento según la persona que tuviera delante, no vaya a ser que en mi barrio me dijeran que me había pituqueado ni que los profesores de la universidad me dijeran que hablaba como malandrín.

 

¿Podía seguir ese método en España? Tengo aspecto de peruano en el Perú y de español en España, ya dije que tenía vocación camaleónica, así que siguiendo el refrán de allí donde fueras, haz lo que vieras, salí a hacer mi primera compra al mercado municipal. Recordando a los curas de mi colegio me puse a pedir pimientosshh coloradosshh. El verdulero al darme la bolsa con la compra me soltó:

 

-Chaval tu no eres de aquí ¿no? Debes ser tú del cono sur, de por allí… ¿verdad?

 

El asunto era más complicado de lo que creía. Decidí mantener mi hablar de peruanazo. Pero cuando comienzo a trabajar la cosa trae malentendidos. En la oficina compruebo que hay otro lenguaje. En vez de problemas hay pegas y en vez de problemones hay marrones. A la plantilla le dicen nómina y al personal le dicen plantilla. La chamba es el curro, los sobones son trepas y los melosos son sobones. Los chupes son pringados, pero pringoso también significa meloso. Por aquí, al refrigerio le dicen almuerzo, al almuerzo le dicen comida y a la comida le dicen cena. Hasta allí, pocos problemas. Pero un día viene la jefa –una rubia vasca de buen ver- muy estresada, anunciando que tiene ganas de echarle la bronca al primero que encuentre. Y yo en vez de responderle con un comprensible –yo me escapo- le solté un peruanazo “yo me corro” provocando la carcajada general de mis compañeros de oficina. En ese instante recordé que algo así se decían Antonio Banderas y Victoria Abril cuando se encaman en “Átame”, de Pedro Almodóvar y así comprendí que había hecho un roche de película. La jefa se puso roja como un rocoto y terminó por reírse, quizá contagiada por la risotada generalizada de toda la oficina.

 

Aprendí entonces a tener cuidado con las palabras con un doble sentido sexual. Es bueno sabérselas, por que hay algunas que a los peruanos nos ocasionan problemas. Una amiga limeña, recién llegada a España, entró toda pituca y formalita a un local de loterías y tan campante le soltó a la lotera: “¿me puede dar una “polla” por favor?” La lotera, algo mayorcita, nunca había oído hablar del juego peruano, así que estupefacta y con mano temblorosa le entregó a la chica varios papelitos para rellenar diferentes apuestas. Por supuesto, ninguna de ellas lleva el nombre de polla, que debe ser la única palabra que en el Perú no es considerada una grosería y en España sí lo es. Normalmente ocurre lo contrario.

 

Poco a poco uno va acostumbrándose a la forma rotunda de hablar de los españoles y un día a uno le deja de extrañar que llamen simplemente “culo” al lugar donde la espalda pierde su casto nombre. Por aquí “poto” es una planta de maceta. Consciente e inconscientemente uno va incorporando al habla términos españoles, lo cual facilita enormemente la comunicación aunque trae consigo las críticas de los peruanos más recalcitrantes. Los que se mantienen hablando con todos los peruanismos y se resisten a los hispanismos.

 

Constaté en los bares Lavapiés, frecuentados siempre por gente variopinta, que los acentos se difuminan. Ya lo dijo Humphrey Bogart en Casablanca, cuando le preguntaron la nacionalidad, respondió: ‘borracho’. Y no decía ninguna tontería. Conocí por esos bares a un guitarrista, un tipo de pocas palabras, que con su bordoneo criollo nos emocionaba a todos. Tocaba de bien la guitarra que parecía el maestro Avilés y además se sabía un montón de valses de la vieja guardia. Un día me lo encuentro en otro barrio y nos ponemos a hablar. Yo hablaba peruanazo y en un momento dado, me doy cuenta que el guitarrista no me está entiendo. Así que le pregunto.

 

-¿Pero tú cuanto tiempo llevas viviendo fuera del Perú?

-Yo no soy peruano, soy de Guadalajara

-¿De México?

-No, de aquí al lado, de Castilla – La Mancha

 

Había tomado muchos vinos con ese guitarrista y solamente fuera de los bares caí en la cuenta que el tipo era español. Pero fue recíproco, él también me dijo:

 

-¡Coño! ¿Pero tú eras peruano? pensé que eras de Madrid.

 

Los vinos nos habían igualado los acentos, que se desvanecieron en las tabernas de Lavapiés. Definitivamente, el dejo de las copas es el mismo para todos.

 

Y por esos bares, a la hora de conocer chicas, siguiendo con la vocación camaleónica, tuve para ellas un montón de nacionalidades. Pero esa ya es otra historia.”

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10 Comentarios para “Un Laberinto: Dejos Peruanos y Palabrotas Españolas”

  1. supay dice:

    ¡Buen post!, aunque como dices, eres de los peruanos que llegó en los noventa. Supongo que entonces la cosa era más dura, ahora no es menos difícil en cuestión de palabras pero ya la gente está más acostumbrada. He hablado con españoles que me decían jato, chamba, chelas, lo que me sonaba muy gracioso por cierto. Supongo que será gente que se relaciona con peruanos.
    A mi me pasó una cosa con una recepcionista a la que le dije, quejándome por una encomienda que no me llegaba al trabajo, que iba a esperar al repartidor “parado” en la puerta de mi trabajo.
    A la media hora el repartidor llegó volando y me dio el envío. Luego me di cuenta de que le había dicho a la chica algo así como que si no llegaba el envío me iban a despedir ya que “parado” significa sin chamba. En este caso el peruanismo me ayudó. ;-)

  2. David Valdiviezo dice:

    Decir o emplear las palabras en el sentido literal separa el contexto de dos mundos, por ejemplo expresar; “quiero comerme un cabro tierno” puede sonar altamente sexual, gastronómico y hasta jocoso, lo cierto es que es una expresión de alguien que tiene deseos de ingerir la carne de un mamifero caprino, por lógica razón que nadie en su sano juicio haria público, de ser el caso, expresaría su deseo carnal de tener relaciones coitales con un joven del mismo sexo.

  3. Amparo dice:

    ¡Envía saludos a mi querido primo Javier!
    que de él sólo sé esto que acabo de leer.
    Bien escrito y animado
    ¡salud!

  4. Fer dice:

    La escena del “yo me corro” me hizo reir hasta que me salió un gallazo esos de antaño. Buena narración, gracias por hacerme pasar un muy buen momento. Saludos.

  5. Martín: gracias por la presentación. Me gustó eso de “amistad prenatal”. Yo siempre había utilizado la fórmula de “amistad hereditaria” ya que nuestra amistad es un legado que nos dejaron nuestros padres. Pero más bonito es lo de “prenatal”, que suena más vinculado a la vida.

    Supay, gracias por tus comentarios. Efectivamente, los madrileños también se peruanizan. El otro día, una amiga más madrileña que la Cibeles, me salió con que la calle Argumosa se había puesto “pituquísima”.

    David, ¿en qué andas pensando amigo mío?

    Amparo. Que curioso encontrarte por este blog. Saludos para ti también.

    Fer. Gracias a ti por el comentario. Me alegro que este post te haya hecho reir.

    Saludos a todos,

    J.T.

  6. Juan Valdiviezo dice:

    Hola Martin :
    La verdad muy ilustrativo y divertido; ya me imagino en los poblemas de nuestros compatriotas al llegar a esas tierras.

    Los poco observadores sufriran mucho para separar como dice David el contexto de dos mundos.

    Saludos para toda la familia.

    J.V.Z.

  7. emiric toti dice:

    jajajaj que buena me doy cuenta que somos autentico con nuestro dejos jajajaj nada comparable con nadies que sea de other country

  8. Patricia dice:

    Hola Javier:

    Muchas gracias por tu post, me ha hecho sonreir. Esta muy bien escrito, lo cual refleja que aprendiste muy bien en nuestra querida PUC, que por ahora anda en líos y puede quedarse en solo Universidad Peruana, perder el Pontificia y el Católica.

    Muchos saludos y me encantaría tener noticias tuyas.

    Patricia

  9. Marlu dice:

    Que buen Post, me gusto mucho leer tus anecdotas.

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