El Quinto Suyo

Mundo virtual del emigrante Peruano

Constantinopla

por @ 6:17 pm en Mayo 2, 2008. Tags: ,
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Mucho, muchos pensamientos, larga espera hasta que la puerta deseada se abrió, un carrito, un bebe, una enfermera, yo un padre medio loco de preguntas sin respuestas, – “¿es mi hijo”? titube, si Sr, vivito y coleando, coqueta la desgraciada que no sabía que yo no sé el significado de padre y menos hijo. Yo fui hijo, creo aun lo soy, pero ese no soy yo,, – esta rojo, sudoso, ay Dio le falta barbilla, nació sin barbilla, ese es mi castigo, por dormir boca abajo, que dirá Gaby cuando lo vea , lo filmo o no, bueno me costó toda una inversión, a grabar a mi hijo sin barbilla , y sonreír como si fuera el más lindo del mundo. No paso más de 5 días, ya en casa mientras le daba la leche, (en lata por si acaso), que lo cambiaba, y me despertaba cada 15 minutos ya viejos amigos, me di cuenta que la barbilla estaba apareciendo y Yo desapareciendo. Gaby enferma, yo de enfermero conociendo a ese pequeño desconocido pedilón, exigente pero que a veces me regalaba una mueca, que yo interpretaba como sonrisa. Unos meses después Javier mi hijo me decía Papá, yo me gastaba cintas de videos para que cada 20 minutos lo diga, también decía que vivía en “Pirú” y su abuelo se llamaba “Pedlo”. Un día aprendió a decir Constantinopla, palabra complicada lo lleve junto con Gaby a la casa del abuelo para mostrarle nuestro nuevo orgullo, (tenia 1 ano y medio), no hubo forma de que repitiera la palabra “Javiercito dile al abuelo Constantinopla, Javier ni nos miraba, cansados y frustrados decidimos ir a comer a un restaurant, pedimos unas sopas, y lomo saltado (ummm). Javiercito sentado en su silla para bebes, no dejaba de mirar a un Sr, que tomaba su sopa a la criolla según recuerdo, no sé qué le llamaría la atención de este Sr, estaba bastante cerca de él, en la mesa del lado. De un momento a otro Javiercito dio un grito de libertad “CONSTANTINOPLA” con todas sus fuerzas, casi me atoro, que el viejo se atraganto con la sopa, se puso rojo a temblar mirando no con buenos ojos a mi hijo,  Yo listo para saltar en caso de batalla y mi papa apretó los puños si es que necesitaba refuerzos. Pero la sangre no llego al rio, solo el atoro del colorado, el grito revolucionario de mi hijo , y las carcajadas que nos dimos en el auto con la ocurrencia, que buenos momentos, en el fondo creo que le hicimos un bien al viejo colorado, nunca se va olvidar de su sopa “a la Constantinopla”.

 

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