Conviviendo Conmigo - Parte I
He dejado el gimnasio por completo ya poco más de un mes por el bendito - a mamá no le gusta que use la palabra “maldito” ni cuando hago referencia a algo paja o chevere – insomnio. Me cuesta despertarme temprano. Por lo que como y mi constante/inconstante ida al gimnasio desde los trece, debería ser regia, sólo debería.
Como bastante sano, en serio, me gusta. Gasto aproximadamente ochenta dólares cada semana y media (si, así de cara es la ciudad de Nueva York) en alimentos justos y necesarios. Mi dieta consiste en algún tipo de proteína (pollo, pescado y carne, en ese orden en particular) con mucha verdura y aún más fruta. La verdad, es que nunca he creído en dietas, he venido acá para disfrutar la vida y no estoy dispuesta a privarme de tan rico placer como es el comer. Es difícil que me niegue ante cualquier alimento de mi agrado si es ofrecido, en su defecto pido; ah es que ¡no! yo no tengo vergüenza y lo peor que puede pasar es que me digan que no.
No comparto el gusto de miles por los bizcochos ni galletas, nunca fui de las se atragantaba con Chizitos en los cumpleaños, odio las papitas, Doritos o lo que se les parezca, aunque en el peor de los casos los he comido.
Dicen que soy “especial” con la comida, pero como casi de todo, no tanto como papá, pero si experimento, hasta gusanos y grillos he probado durante expediciones turísticas. Soy “especial” porque tengo una fijación con los preservantes, colorantes o cualquier químico que hoy en día añaden a la comida. No como cosas en lata (solo atún, y mucho) y prefiero evitar las frituras.
Tengo debilidad por el chocolate y el helado, estos últimos definitivamente me traen a mi peso actual; he subido seis kilos, pero ya he bajado dos. Ah! Y existen cosas como el flan que no puedo afirmar que es feo en su totalidad, pero me abstengo de comerlo, no sé porque. Existen cosas como las aceitunas, el sushi y las menestras que con el tiempo aprendí a querer, demasiado diría yo. Que me llamen “chusca” pero no sé que le ven al caviar. A mi dame comida peruana y arraso con todo (salvo sangrecita, cuy y mondongo).
Me lavo el pelo cada cuatro días si es necesario y si me baño de noche ya ¿para qué remojarme de día? Me altera, pero cierto es que me suda la axila derecha mucho más que la izquierda.
No me gusta repetir de atuendo al vestir. Si pues tengo mi lado superficial, ¿y qué? Soy compradora compulsiva y hago magia para que todo quepa en mi closet bi-dimensional, ¡porque de fondo no tiene nada! No uso joyas, y alguna vez me llegó a llamar la atención un hombre de la manera más negativa; deciendo que me hacía ver poco femenina ¡Disculpe usted señor! No uso reloj, todos los que me compraba mamá, los terminaba parando, si, parando. Según ella debo tener tanta energía que no dejo que funcionen, así que ya ni trato. Un buen día una amiga me enseñó a usar esta desventaja como arma de gileo para preguntarle a un chico guapetón la hora, nunca lo intente pero con la aparición de los celulares todo eso se fue al demonio, hoy en día ¿qué celular no tiene reloj?
Uso el celular en vibrador desde el 2005, he creído perderlo unas ochenta y cuatro veces pero fue ésta última la única verdadera. Mi iPod no tiene batería, he extraviado el cable para cargarlo, ahora si, no tengo noción de la hora, ni me interesa conocer a ningún chico guapetón. Tengo la habilidad y el defecto de no escuchar el ruido – debe ser que me acostumbre al vibrador, o al método evasivo contra las veloces palabras de mi madre, es que la mujer nunca para de hablar y espero nunca deje de hacerlo.
Vivo con dos gringas* pero nunca las veo. Se van antes que yo y regreso a casa demasiado tarde como para cruzármelas. Limpio mi departamento entero cada dos semanas, pero bien, bien, o sea con trapeador, escoba, guantes y lejía. Hago mi cama todas las mañanas, aunque según papá solo la estiro. Hace tiempo no cambio mis sábanas y ayer descubrí un hueco en ellas. A veces uso medias sucias, pero no huelen mal. Me lavo los dientes en la ducha.
No me gusta el desorden pero podemos ser buenos amigos. Doblo mis chompas en dos y mis polos en cuatro – es que si no, no entran. Duermo en diagonal y de preferencia con una pierna fuera de la sábana (evito dormir al medio si se duerme de a tres, o más). Casi nunca me peino y no uso maquillaje. Lavo mis platos y a veces los ajenos, odio lavar cubiertos. Antes era más vanidosa, ahora estoy segura que soy bonita – por dentro, es lo que más me importa. Cada vez que hago algo mal, recuerdo las palabras de mi hermana; “eres una malhecha”, siempre recalca que en la libreta del nido tenia todo positivo salvo la parte de “Sabe seguir instrucciones: negativo”. Y me da gracia, porque después de tantos años, creo que es cierto.
Cuando veo un bebé en la calle, debo tocarlo. No es que odie a los gatos, pero prefiero a los perros. Nunca tuve uno. Fingí creer en Papa Noel pasados los nueve, pero hasta hace poco descubrí que mi pollito no se había ido volando. Me gusta jugar, cualquier juego, hasta responder cual es la capital de que país. Me gusta la geografía, me fascina la historia. Soy preguntona o tal vez curiosa con respecto a estos temas. Si de misterio o muerte se trata, mi hermana dice que soy morbosa. Mi hermano quiso que sea hombre, jugué con carritos y el con Barbies. Mi mamá me dio de lactar por un año. No me gusta la leche blanca, ya no la tomo chocolatada, pero que rico era el DrinkyMilky. Tomo cereal todas las mañanas, con leche. Nunca me he comido las uñas, ni me he sacado el bigote. No me afeito, uso pinzas. Nunca tuve acne, pero hasta ahora me salen granitos. Muevo mis pies antes de dormir. Tengo insomnio y por eso sigo escribiendo.




















en Mayo 1st, 2008 a las 5:34 pm
Hola Vanessa,
te confieso que me parecio muy interesante el proceso de autoexploracion que desarrollaste y he estado esperando la segunda parte por varios dias.