En mi línea de trabajo en la oficina de correos (US Postal Service) de Mc Lean, Virginia, entre otras cosas también me dedico a aceptar los formularios y solicitudes para pasaportes estadounidenses. El trámite en realidad es fácil, pero de vez en cuando se presentan casos fuera de lo común y hasta situaciones jocosas. Como la de aquel día en que una jovencita de 16 años nacida en Estados Unidos pero de origen tailandés se presentó a solicitar su pasaporte con un hombre tailandés de aproximadamente unos 35 años. Les pedí sus documentos de identificación, me entregaron el certificado de nacimiento de la niña y la licencia de conducir del señor, ambos tenían el mismo apellido lo que me hizo suponer que eran padre e hija. Mientras yo revisaba la solicitud, ellos cuchicheaban en su idioma. Al llegar a la sección del formulario donde figuran los nombres de los padres, descubrí que el segundo apellido de la chica concordaba con el del señor y también con el de la madre de la niña (quien no se encontraba presente) mas no con el apellido del padre. Al cuestionarlos sobre el asunto se pusieron nerviosos, cruzaron miradas y hablaron entre ellos en tailandés de tal manera que yo no entendiera lo que decían, hasta que el señor me dijo que el en realidad era el tío de la muchacha y no el padre, pero que tenia el consentimiento de su hermana (la madre de la chiquilla) para solicitar el pasaporte. Sospeché de un gato encerrado así que proseguí a preguntarle al tío si tenía algún documento de la corte, otorgado por un juez donde dijera que los padres de la niña le dieron autorización para sacarle un pasaporte. Obviamente no lo tenia, así que les rechacé la solicitud y le dije al tío que volviera al día siguiente con la mamá de la chica y que encantado les hacia el trámite. Nunca volvieron. Mi mente corrompida me decía que el querido tío seguramente estaba teniendo un affair con su sobrinita y segurito que con el pasaporte planeaban fugarse a quién sabe donde. Me querían hacer cholito, pero se toparon con un peruano.
Las leyes de Estados Unidos dicen que para solicitar un pasaporte para un menor de 16 años o menos, tiene que haber consentimiento de ambos padres o por lo menos de uno de los padres si el menor tiene 17 años. Tanto los padres como el menor de edad tienen que venir en persona, y el tramitador (passport officer) debe verificar que la foto del menor concuerde con su cara y que el nombre de los padres en el certificado de nacimiento concuerde con el de sus documentos de identidad. En caso de que uno de los padres no pueda estar presente, existe un formulario de consentimiento el cual tiene que estar notarizado por un notario público con su respectivo sello de agua. Solo con este documento notarizado se puede omitir la presencia de uno de los padres. En caso de que uno de los padres del menor haya fallecido, el padre sobreviviente debe traer el respectivo certificado de defunción. Todos los documentos tienen que ser originales, no se aceptan fotocopias.
En cierta ocación unos jóvenes padres hindúes se presentaron para solicitar un pasaporte para su hijo recien nacido, me entregaron el formulario llenado, sus documentos de identidad y el certificado de nacimiento… pero… no habían traido al bebé, acto seguido les pregunté: “Where is the baby?”, se miraron contrariados y me contestaron con otra pregunta: “Oh… the baby needs to be here?”. Me dieron mil excusas para justificar el no haber traido al bebé, que hace mucho frío, que tienen miedo que se enferme, que llora mucho, etc; les pregunté que a donde viajarían, me dijeron que a la India, les pregunté cuanto dura el viaje, me dijeron que casi un día entero. Entonces mi razonamiento fué: si pueden llevar a un recién nacido a un largo viaje de casi 24 horas en un frío avión a un país tercermundista donde hay cualquier cantidad de enfermedades y con la seguridad de que el bebé se la pasará llorando todo el vuelo en el avión, entonces pueden traer al bebé para un trámite de 15 minutos en la oficina de correos… que no me vengan con cuentos, vuelvan otro día y traigan al bebé.
En otra oportunidad un hombre asiático treintón me entregó su tarjeta de residente permanente (green card) que obtuvo cuando era niño y muy campante me dijo que al vivir tantos años en Estados Unidos tenía derecho a ser ciudadano y que yo le diera un pasaporte. Primero que nada, en las oficinas de correos nosotros solo aceptamos (o rechazamos) las solicitudes, luego las enviamos al centro nacional de procesamiento de pasaportes (National Passport Processing Center) quienes a su vez corroboran la información del solicitante con el Departamento de Estado (Department of State) y con el Departamento de Seguridad Interna (Department of Homeland Security). Nosotros en el correo no entregamos pasaportes, no otorgamos pasaportes, no imprimimos pasaportes (no tenemos la maquinita), no los tengo guardados en el cajón de la oficina ni escondidos bajo la manga. Hay gente que piensa que renovar un pasaporte es simplemente cambiar el antiguo por uno nuevo… no es tan simple la cosa y se enojan cuando les digo que tienen que llenar una solicitud. Volviendo a mi cliente asiático, le tuve que explicar que para obtener un pasaporte primero tenía que hacerse ciudadano y eso se solicita en el Departamento de Inmigración, no conmigo, no en el correo, es un proceso largo que puede durar desde año y medio a cinco años dependiendo del caso. Ambos nos reimos, realmente me pareció muy graciosa su ingenuidad e ignorancia, bueno así sucede a veces cuando uno no está bien informado.
En el area de Mc Lean, donde trabajo; residen gente de clase alta y pudiente dada su cercanía con la capital, Washington DC. Mc Lean está llena de políticos, congresistas, senadores, diplomáticos, embajadores, empresarios, agentes de la CIA, FBI, el Servicio Secreto, etc. Esta gente de naríz respingada a veces se creen “la última coca cola en el desierto”, vienen con su arrogancia y me tiran su pasaporte viejo sobre el mostrador y me “ordenan” que les dé uno nuevo (!), les digo que tienen que llenar la solicitud, se molestan, se enojan, chillan, patalean. Las respuestas clásicas que recibo: “but it’s just a renewal” (pero solo lo tengo que renovar), ó: “I work at the Department of State” (yo trabajo en el Departamento de Estado). Como aquel oficial del Army que me tiró su licencia de conducir y su military ID (documento de identidad de las fuerzas armadas) y yo le dije que ninguno de esos documentos son prueba de ser ciudadano americano, casi me pega, vociferando me enumeró las guerras en las que había peleado por su patria (Estados Unidos) y yo le contesté que en este momento hay cientos de extranjeros peleando en la guerra de Irak y no son ciudadanos norteamericanos, de modo que un military ID no me garantiza que usted sea ciudadano señor!!, traigame su certificado de nacimiento y ahí veremos. Se fué amargo tirando la puerta, de inmediato me puse mi chaleco antibalas, por si las moscas… je je, es una broma.
En muchas ocaciones vienen a mi oficina ciudadanos musulmanes o árabes que viven en Mc Lean y que por lo general son parientes de algún jeque árabe. Tratan de solicitar un pasaporte para su hijo/hija menor de edad, se presentan con el niño nacido en Estados Unidos, mas no con la madre y se sorprenden cuando les digo que la madre también tiene que estar presente, tomar el juramento y firmar la solicitud. “Pero yo soy el padre!”, me dicen. Efectivamente, pero su niño tiene padre y madre, es “propiedad” de los dos, les contesto. Sucede que en la mayoría de países musulmanes, la mujer es ciudadana de segunda clase y sin derechos, ellas no cuentan para estos trámites legales. Señor!! estamos en occidente, no en el medio oriente o me trae a la madre de sus hijos o no le acepto la solicitud, así de simple!!. O como la del padre/madre, separado o divorciado que pretende sacarle pasaportes a sus hijos menores de edad y me dicen que el/ella tienen la custodia de los niños. Ja!, osea que tengo que confiar en su palabra…siii…claro…, no pues! así no funciona la cosa, señor/señora muéstreme los papeles, documentos de la corte de menores o de la corte de divorcios donde diga que “fulano de tal” tiene la completa custodia (sole custody) de los niños. En el pasado hubieron muchos casos en los que uno de los padres se lleva a los niños al extranjero sin consentimiento del otro padre y después nunca vuelven. Es para evitar esto que el Departamento de Estado exije el consentimiento de ambos padres para otorgar un pasaporte a un menor de edad, a no ser que uno de ellos tenga la custodia completa de los niños.
Pero uno de los casos más sorprendentes que me ha tocado es el de una pareja de gays, americanos, blancos, altos, tenían pinta de abogados, de buen porte, bien plantados y al terno. Acababan de adoptar a un bebé varoncito de tan solo meses de nacido y se iban a celebrarlo a una isla del caribe. Tenían todos los papeles en regla, no había motivo para negarles la solicitud. En el certificado de nacimiento, el nombre de uno de ellos a quién llamaremos “John Smith” figuraba como el padre, y el nombre del otro “Mike Jones” figuraba como la madre (?!). Al tomarles el juramento, “John” firmó en el espacio donde va la firma del padre y “Mike” en el de la madre. Ambos lucían muy varoniles hasta que… el bebé comenzó a llorar, es entonces cuando a “Mike” le salió su lado femenino (se le escapó el aire, se le chorreó el helado) le hacía mimos y cariños al bebé como solo una madre lo puede hacer, sacó el biberón con leche de su bolso y se lo dió al bebé que de inmediato dejó de llorar, todo esto ante la mirada tierna de “John” quién estoy seguro que en ese momento se quería comer a besos a “Mike”, y la mirada atónita mía. Me quedé estupefacto ante tremenda escena de amor.
Pero la más jocosa definitivamente (la reservé para el final) es la que le tocó a uno de mis compañeros de trabajo. Una joven señorita latina presentó su solicitud, mi compañero comenzó a revisarla y se dió cuenta que la joven en el casillero del sexo, había marcado masculino en lugar de femenino, mi compañero le hizo ver el error y le pidió que lo corrigiera, la señorita con voz delicada y muy femenina le dijo que así estaba bien, que ella era varón!. Mi compañero, un taiwanés de 57 años chapado a la antigua no le creyó. Le insistía que el era mujer, la cara, el pelo, los labios… los senos, el cuerpo, el jean apretado, no había como negarlo; era mujer!. Al poco rato llegué yo después de mi hora de almuerzo y mi supervisor muerto de risa me dice que vaya a ayudar al taiwanés que tenía problemas con un pasaporte. Cuando entré a la oficina, había tremenda discución entre el patita (la chica), mi compañero taiwanés, un supervisor y el manager; ya que el taiwanés no quería hacerse responsable si luego el pasaporte venía con errores y quería testigos que lo respaldaran. La “chica” un joven puertoriqueño, se sintió aliviado cuando llegué yo, ya que podiamos hablar el mismo idioma. Me dijo que mi amigo taiwanés le había hecho pasar un muy mal rato y lo había puesto en una situación embarazosa al llamar al supervisor y al manager para que sean testigos. Me dijo que el le preguntó a Robert (el taiwanés se cambió de nombre ya que su nombre original es muy difícil de pronunciar: Tze, parece zumbido de avispa… tzzzzzeeee…) si alguna vez había visto a un travesti y Robert le contestó que no. Le pedí disculpas a la travesti puertoriqueña en nombre de mi amigo por su extrema ignorancia y se fué contenta y feliz cuando le dije que ella realmente parecia toda una mujer, que si no me lo hubiera dicho, no me hubiera dado cuenta… mentira!!, me dí cuenta al toque apenas la ví. Cuando ella se retiró tanto Tze, como el supervisor y el manager estaban carcajeándose de la risa por tan insólita situación, y no era para menos.
Demás está decir que al tramitar las solicitudes me entero, sin querer; de la vida privada de mucha gente: la señora que es madre soltera, o aquel otro que creció en un orfanato y no sabe quienes son sus padres, o el papá soltero al que la esposa lo abandonó, o la pareja que adoptó un niño en Rusia o Rumanía pero me lo dicen en voz baja para que el niño no se entere porque no sabe la verdad, o el gringo que nació en Europa o Sudamérica porque su padre era militar y lo destacaron para allá años atrás, o la de aquel otro niño, nacido en Estados Unidos pero de padres mexicanos o salvadoreños que me miran con recelo porque son ilegales y creen que quizás yo los voy a denunciar. Casos y cosas como estos son los que me suceden a diario en la oficina de pasaportes y forman ya parte de mis memorias y anécdotas que hoy comparto con ustedes amigos lectores.
Pitty:
Definitivamente trabajar como servidor público tiene sus desventajas como ventajas.
Entre las últimas está lo que relatas, pues la experiencia de intercambiar información y hasta simples comentarios con la gente, como que te incrementa tu experiencia, máxime si estas en un país como EEUU.
Aquí en Perú sucede lo mismo, pero estate seguro que, lamentablemente, en todos los casos, esos Pasaportes se hubieran extendido. El “aceite” aqui funciona para estos casos.
Un abrazo.
Ahora..sincerate conmigo ! El termino local que se utiliza aqui en USA para describir la perdidad de equilibrio mental entre los Profesionales de Correo asi como vos, es ” going Postal “; y tan seguro como que me llamo Alejandro Toledo, se que tu has llegado y pasado el limite de insanidad lidiando con esta horda incomprensible de ciudadanos. Ahora, dime….cual es la peor hora dentro de tu horario para NO irte a buscar y encontrarte asesinando a medio Northern Virginia cuando lo unico que deseaba en realidad era invitarte una Inka Kola?
RFoyo
[...] Memorias de un Tramitador de Pasaportes [...]