Tenia 24 años, visitaba a mi hermano por 1 semana, se convirtió en 6 meses. San Francisco, bella ciudad parecida a una montaña rusa por su sube y baja. Cada día corría a las 8am a tomar el ómnibus, y como siempre salía tarde. La casa donde vivía estaba en una colina y el paradero abajo me esperaba. Ese día , ya tarde salí corriendo, para no perder mi transporte (mis clases de ingles me esperaban), mientras corría al lado también una cola de autos esperaban su turno, pues era hora “punta”, una ligera lluvia perturbaba mis concentración, cada momento sentía mas inclinado el sendero (2 cuadras), no se como, o si se, me vi deslizándome de panza hacia mi meta, el agua, lo inclinado, y la vergüenza de ser observado por esa fila de aburridos chóferes, creaban en mi la pesadilla jamás contada. Mientras caía, resbalándome, de costado, de nariz y como sea, solo pensaba: cuando va a parar esto”, intentaba agarrarme de algo, solo encontraba mis manos, algún arbusto, que no era suficiente. Caída interminable, vergüenza eterna (aun me pongo rojo al recordar)., solo me detuvo el fin del camino, medio de lado, un amable poste me detuvo, mas avergonzado que adolorido, sucio, arañado hasta en las cejas, voltee rápidamente a observar al publico, que entre asustado y sorprendido, alguien me dijo “are you ok?”. Y yo con mi mejor sonrisa, embarrado, y embarazado dije, ” oh sure, I am ok”, (claro ese es mi estilo). Cada auto que pasaba y me miraba con una mezcla de sorpresa y compasión, yo le respondía con una sonrisa “aquí no pasa nada, soy hispano y somos diferentemente alegres”. Eso si la vergüenza aun me la estoy lavando.
Javier, no te imaginas cuanto me he carcajeado con tu caída interminable, jeje; que piña conpadre, ya me imagino como me hubiera sentido yo: trágame tierra!!